Tal día como hoy, 2 de enero de 1492, se consumó uno de los acontecimientos más trascendentales de la Historia de España. Tras diez años de guerra, el rey Boabdil, último soberano del Reino nazarí de Granada, entregó las llaves de la ciudad y de la Alhambra a los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, formalizando la rendición de Granada y poniendo fin al último enclave islámico de la Península.
El acto, cargado de solemnidad y simbolismo, marcó el cierre de una etapa iniciada en el siglo VIII. Con la entrada de los monarcas cristianos en la ciudad, la cruz y el pendón real se alzaron en la Torre de la Vela, proclamando el fin de casi ocho siglos de presencia política islámica y la culminación de la Reconquista, un proceso largo, complejo y decisivo para la configuración del reino.
La rendición fue posible gracias a las Capitulaciones de Granada, que establecieron inicialmente garantías para la población musulmana, permitiendo una transición ordenada tras la guerra. Sin embargo, más allá de los acuerdos, aquel día simbolizó el cambio irreversible del poder, la integración de Granada en la Corona de Castilla y el avance hacia la unidad política de España bajo una misma monarquía.
El 2 de enero de 1492 no representó solo la caída de una ciudad, sino el fin de una era histórica y el inicio de otra nueva. Pocos meses después, España se proyectaría hacia el mundo con hechos que transformarían la historia universal. Por ello, esta fecha permanece como un símbolo de memoria, identidad y trascendencia histórica, grabado para siempre en la conciencia colectiva del país.









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