Este 23 de enero de 2026. Estados Unidos ha concluido oficialmente su retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), poniendo fin a una relación institucional que se extendió por casi 78 años, desde la creación del organismo en 1948, cuando el país participó como miembro fundador. La decisión marca un cambio significativo en la política sanitaria internacional estadounidense y en la arquitectura de la cooperación global en salud.
El proceso de retirada se inició formalmente con la Orden Ejecutiva 14155, firmada por el expresidente Donald Trump, en la que se cuestionaba el desempeño de la OMS, particularmente durante la pandemia de COVID-19, así como la necesidad de reformas estructurales dentro del organismo. Conforme a los estatutos de la organización, la salida se hizo efectiva tras cumplirse el plazo de un año desde la notificación oficial.
Como principal contribuyente histórico de la OMS, Estados Unidos debía cumplir con ciertos compromisos antes de concretar su retiro. Entre ellos, el pago de cuotas pendientes, que distintas estimaciones sitúan entre 260 y 280 millones de dólares. Este aspecto ha generado debate, ya que la organización sostiene que aún existen obligaciones financieras sin saldar correspondientes a ejercicios anteriores.
La retirada implica consecuencias directas para el país. Con su salida, Estados Unidos pierde su participación en comités técnicos, el derecho a voto en las decisiones estratégicas del organismo y el acceso directo a los sistemas internacionales de alerta temprana sanitaria, herramientas clave para la detección y contención de brotes epidemiológicos y futuras pandemias.
Desde la OMS, el director general Tedros Adhanom Ghebreyesus expresó su profunda preocupación por la decisión y subrayó la importancia del liderazgo estadounidense en la salud pública mundial, instando a reconsiderar la postura. La salida, advirtió, podría debilitar la capacidad de respuesta coordinada frente a amenazas sanitarias globales.
Por su parte, el gobierno estadounidense aseguró que, pese a abandonar la estructura formal del organismo, continuará colaborando en materia de salud global mediante acuerdos bilaterales, cooperación científica y asistencia directa a otros países. No obstante, expertos señalan que este enfoque carece del alcance y la coordinación que ofrece un marco multilateral como el de la OMS.
Analistas y especialistas en salud pública coinciden en que la decisión representa un punto de inflexión en la gobernanza sanitaria internacional, con posibles repercusiones tanto para la seguridad sanitaria global como para la capacidad de Estados Unidos de influir en estándares, protocolos y respuestas ante emergencias de alcance mundial.
La salida de Estados Unidos de la OMS no solo redefine su papel en el escenario sanitario internacional, sino que también abre interrogantes sobre el futuro de la cooperación multilateral en salud en un contexto global cada vez más interconectado y vulnerable a crisis epidemiológicas.









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