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Inducción del parto: qué métodos existen, cuándo se usan y cuál es el más seguro según la evidencia científica

Asociación de medios de comunicación digitales/

La evidencia científica confirma que los métodos de inducción del parto son igual de eficaces, aunque con distintos perfiles de seguridad, por lo que la elección debe adaptarse a cada embarazo.

Una amplia revisión científica confirma que los distintos métodos para inducir el parto son igual de eficaces, aunque presentan perfiles de seguridad diferentes, lo que refuerza la importancia de una decisión individualizada y consensuada con la mujer embarazada.

La inducción del parto es una práctica habitual en Obstetricia cuando continuar el embarazo supone un riesgo para la madre o el bebé. Su objetivo es estimular el inicio del parto antes de que comience de forma espontánea, favoreciendo un parto vaginal y reduciendo posibles complicaciones maternas o fetales. Esta intervención puede estar indicada por causas como el embarazo prolongado, la rotura prematura de la bolsa amniótica sin inicio de contracciones, alteraciones del crecimiento fetal o problemas maternos como la diabetes o la hipertensión.

Existen métodos farmacológicos y mecánicos para inducir el parto, y la elección depende de factores como el estado del cuello del útero, los antecedentes obstétricos de la mujer o la situación fetal. Cuando el cérvix es favorable, se puede realizar una amniorrexis —rotura de la bolsa amniótica— y administrar oxitocina, una hormona con alta eficacia para estimular las contracciones. En cambio, si el cuello del útero no está preparado, se recurre a fármacos como las prostaglandinas (dinoprostona o misoprostol) o a métodos mecánicos, como los balones cervicales, para favorecer su maduración.

La seguridad del método varía según el perfil de cada gestante. Los métodos mecánicos suelen producir contracciones menos intensas y se consideran especialmente seguros en mujeres con cesáreas previas, embarazos múltiples o fetos pequeños. Los métodos farmacológicos pueden ser algo más eficaces para iniciar el parto, pero conllevan un mayor riesgo de contracciones excesivas si no se ajustan correctamente.

Una reciente revisión sistemática Cochrane, que analizó más de 106 ensayos clínicos con más de 30.000 mujeres, concluye que 13 métodos habituales de inducción del parto son igualmente efectivos, aunque difieren en su perfil de seguridad. El misoprostol a dosis bajas, administrado por vía vaginal u oral, es uno de los más utilizados y sirve como referencia frente a otras estrategias. El estudio no encontró evidencias claras de que otros métodos superen su eficacia, aunque sí observó diferencias en el riesgo de hiperestimulación uterina, sufrimiento fetal o rotura uterina.

En este contexto, los expertos subrayan que no existe un método único mejor para todas las mujeres y que la clave está en adaptar la inducción a cada situación clínica, teniendo en cuenta la seguridad materna y fetal y las preferencias de la embarazada.



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