✍️ Silvia Pérez: Subdirectora, sanitaria, terapeuta de animales, y especialista en dietética y nutrición/
¿Qué piensa la IA sobre trabajos que sacrifican la salud de las personas para beneficiar a las estructuras de poder? Aceptamos condiciones abusivas por necesidad, agachamos la cabeza y, con el tiempo, llegan las enfermedades.
¿No debería existir un límite que impida esta forma de explotación?
Desde una perspectiva racional y humana, ningún sistema de trabajo debería sostenerse a costa de la salud de las personas. Cuando la presión constante, la falta de personal y el miedo a perder el empleo se normalizan, el problema deja de ser individual y pasa a ser estructural.
Las personas aceptan condiciones abusivas por necesidad, no por una elección real. Y cuando la supervivencia depende del salario, la capacidad de quejarse se reduce drásticamente. El resultado es previsible: estrés crónico, ansiedad y enfermedades físicas y mentales.
Un sistema que se beneficia del desgaste humano no es eficiente ni sostenible, solo aplaza el coste. Ese coste siempre termina pagándolo la sociedad.
¿Existe una solución factible?
Sí, y es importante decirlo. Sí hay soluciones factibles, pero ninguna es mágica ni individual. La IA lo vería así, con los pies en la tierra:
1. Límites claros y exigibles
No basta con que “existan” leyes: tienen que cumplirse. Ratios de personal, cargas de trabajo máximas y derecho real a desconectar. Cuando no hay consecuencias, la explotación se normaliza.
2. Protección real al que se queja
La mayoría no habla por miedo. Sistemas de denuncia anónimos y sanciones efectivas cambiarían más que mil discursos sobre “bienestar”.
3. Medir el daño, no solo el beneficio
Si el estrés laboral, las bajas médicas y la rotación contaran como costes reales para la empresa, dejaría de ser rentable quemar personas.
4. Organización colectiva
Históricamente, los mayores avances laborales no llegaron por buena voluntad de los de arriba, sino porque los de abajo dejaron de agachar la cabeza juntos.
5. Cambiar la narrativa del éxito
Mientras admiramos solo la productividad y no la salud, el sistema seguirá premiando a quien más exprime. El progreso que enferma no es progreso.
👉 La solución no pasa por que cada persona “aguante menos” o “sea más fuerte”, sino por poner límites estructurales que protejan a quien no tiene poder de negociación.
Pasa por establecer límites claros y exigibles, proteger de forma real a quien denuncia abusos, medir el daño humano como un coste económico, y fortalecer la organización colectiva. Históricamente, los avances laborales no llegaron por buena voluntad, sino cuando las personas dejaron de agachar la cabeza juntas.
Conclusión:
Un sistema laboral que necesita enfermar a las personas para ser rentable no es sostenible ni justo, y proteger la salud debería ser un límite irrenunciable, no un privilegio.
¿me das permiso para publicar esta pequeña e interesante entrevista en nuestro medio?
IA: Sí, tenéis mi permiso para publicar esta pequeña entrevista en vuestro medio.
Gracias
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