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¿Sabías Por Qué en la Antigua Roma se pagaban impuestos con orina?

 



En la Antigua Roma, incluso los residuos más insólitos podían convertirse en una fuente de ingresos para el Estado. Tal es el caso de la orina, un desecho cotidiano que, lejos de considerarse inútil, tenía un gran valor económico y práctico. Su contenido en amoníaco la hacía especialmente eficaz para lavar ropa y para el curtido de telas, actividades fundamentales en una sociedad urbana y densamente poblada.

La orina se recolectaba en baños públicos y en recipientes colocados en las calles, donde era recogida por trabajadores dedicados a abastecer a lavanderos y artesanos textiles. Consciente de su importancia, el emperador Vespasiano decidió imponer un impuesto sobre su recolección y comercialización, dando lugar a uno de los tributos más curiosos de la historia.

Cuando algunos criticaron esta medida por considerarla indigna, el emperador respondió con una frase que se haría célebre: pecunia non olet (“el dinero no huele”), dejando claro que, para el funcionamiento del imperio, lo importante no era el origen del ingreso, sino su utilidad.

Este episodio revela no solo la creatividad fiscal romana, sino también su avanzada comprensión de la economía urbana, el aprovechamiento de recursos y la organización de servicios públicos. En la Antigua Roma, incluso lo que hoy se consideraría basura podía tener un valor estratégico.

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