✍Francisco José Castillo Navarro, Director General del Grupo Periódico de Baleares, Presidente Fundador de AMC/
Si me escuchas, papá, dime que estás bien.
Dime que el cielo te recibió entre las luces doradas que merece tu ser, porque era un niño cuando te fuiste, demasiado pequeño para entender, demasiado pequeño para abrazarte una última vez. Que tu piel, tu risa, tu calor, todo lo que tocaste y dejaste, aún respira en mis recuerdos, aunque la vida me robó tu presencia demasiado pronto.
Crecí con tu imagen dibujada en mi memoria, con tu honor y tu palabra como armadura, con tu amor como faro en la oscuridad. Aprendí a ser fuerte, a seguir, pero hay noches en que me rompo, y la soledad me envuelve como un manto frío. Noche tras noche, me enfrento al vacío que dejaste, con preguntas que el tiempo no responde.
Te busco en el silencio, en el viento que me roza y trae tu voz susurrante, en cada recuerdo, en cada risa, en cada mirada que quedó atrapada en mi corazón. Y aunque sé que no volverás, mi alma te llama, deseando que en algún lugar me escuches.
Hay un amor que no entiende de muerte, un amor que trasciende la distancia, un amor que sigue vivo, latiendo en mis venas, sosteniéndome en la oscuridad. Ese amor me hace caminar, me hace seguir, a pesar de la tristeza, a pesar de la ausencia, a pesar de todo.
Si me escuchas, papá, no me dejes caer en la desesperanza. No me dejes soltar la fe que tu ejemplo me dio. Sigo aquí, con tu recuerdo como luz, con tus palabras como guía, con tu amor latiendo en mi pecho, recordándome que aunque no estés físicamente, tu esencia nunca me abandonará.
A veces cierro los ojos y siento tu abrazo, aunque solo sea en mis sueños, y por un instante, papá, el mundo se detiene. Siento que caminas a mi lado, que me hablas, que me enseñas una vez más a ser valiente, a ser fuerte, a no dejar que la ausencia me consuma.
Sé que me esperarás con los brazos abiertos, en un lugar donde el tiempo se detiene, donde la ausencia se desvanece y el dolor se convierte en luz. Sé que llegará mi hora, cuando mis pasos finalmente cesen, y cruzaré el umbral hacia la eternidad, hacia ti, hacia tu abrazo inmenso, donde el niño que fui y el hombre que soy se encontrarán en un solo latido.
Y allí, en medio de un cielo infinito, con estrellas que brillan como recuerdos, podré descansar, y quedarme en tus brazos… para siempre, mientras el amor que nos unió trasciende todo, más allá de la vida, más allá de la muerte, más allá de todo lo que alguna vez perdí.
Permaneceremos juntos, sin tiempo, sin sombras, sin adiós, y con el amor eterno que nos hizo inseparables incluso cuando la vida nos separó.
TE QUIERO PAPA
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