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Irene Montero y Rufián: una estrategia de supervivencia disfrazada de proyecto


Francisco José Castillo Navarro, Director General del Grupo Periódico  de Baleares, Presidente Fundador de AMC/

El acto celebrado en Barcelona por Irene Montero y Gabriel Rufián, bajo el título en catalán “¿Qué se ha de hacer?”, no puede interpretarse como un ejercicio político serio, sino como una operación de propaganda vacía, una escenificación calculada que roza la burla intelectual hacia el electorado al que dicen dirigirse.

Lejos de plantear un diagnóstico riguroso o una propuesta estructurada, el evento se configura como una representación superficial, donde el contenido queda subordinado a la retórica grandilocuente y a la autojustificación política. La pregunta que subyace no es tanto qué proponen, sino por qué insisten en presentar como novedoso un discurso que carece de sustancia real.

La “unidad de la izquierda” como consigna hueca

El eje central del mensaje la supuesta necesidad de una “unidad de las izquierdas” resulta, bajo cualquier análisis mínimamente riguroso, una consigna vacía y reiterativa. Dicha unidad no solo ha sido intentada, sino que ha existido de facto durante años a través de estructuras como Izquierda Unida, así como mediante alianzas parlamentarias que han sostenido gobiernos liderados por Pedro Sánchez.

Insistir en la “unidad” en este contexto no es más que una maniobra retórica destinada a ocultar el fracaso político acumulado. No se trata de construir algo nuevo, sino de reformular el relato para encubrir la pérdida de relevancia. La propuesta no es innovadora: es reciclaje discursivo.

El descrédito de los liderazgos y la incoherencia estructural

El papel histórico de Pablo Iglesias en este espacio político revela una de las mayores contradicciones del discurso actual. Fue él quien diseñó un sistema de liderazgo altamente personalista, imponiendo decisiones clave como la designación de Yolanda Díaz y la creación de Sumar sin procesos participativos reales.

Que ahora se pretenda apelar a la “unidad democrática” desde un historial marcado por la verticalidad y el control interno resulta, como mínimo, cínico. La incoherencia no es puntual: es estructural. Se exige consenso donde previamente se ejerció imposición.

El veredicto de los datos: declive y marginalidad

Los resultados electorales recientes constituyen una evidencia difícil de refutar. La caída de apoyo a formaciones como Podemos no es coyuntural, sino el reflejo de un desgaste profundo y sostenido. En múltiples territorios, estas formaciones han sido superadas por actores emergentes, evidenciando una pérdida de conexión con su base social.

En este contexto, la apelación a la unidad no es una estrategia ofensiva, sino un recurso defensivo ante el colapso político. Se busca sumar para no desaparecer, no para transformar. Es, en esencia, una estrategia de supervivencia disfrazada de proyecto colectivo.

La contradicción interna: el caso paradigmático de ERC

La situación se vuelve aún más reveladora al analizar la posición de Esquerra Republicana de Catalunya. Su líder, Oriol Junqueras, ha rechazado explícitamente la integración en plataformas de este tipo.

Esto implica que uno de los principales promotores del discurso Rufián defiende públicamente una estrategia que su propio partido descarta. La consecuencia es una disonancia política flagrante, que convierte el mensaje en una ficción performativa sin respaldo orgánico. No es solo incoherente: es políticamente insostenible.

Simplificación ideológica y demagogia económica

En el plano ideológico, el discurso presentado se caracteriza por una alarmante superficialidad. La tradición intelectual de la izquierda, históricamente asociada a análisis complejos especialmente en el ámbito sociológico, es sustituida aquí por una retórica simplista y selectiva.

Las críticas a figuras empresariales como Juan Roig o Amancio Ortega se formulan sin contexto, sin comparativa y sin rigor. Se trata de señalamientos oportunistas, diseñados para generar impacto emocional, no para sostener un debate económico serio.

Este tipo de discurso no eleva el nivel del debate público: lo degrada. Sustituye el análisis por la consigna, y la argumentación por la demagogia.

La paradoja insalvable: unir desde la fragmentación

El elemento más contradictorio y quizás más revelador es la coexistencia entre la defensa de la unidad política estatal y la promoción de proyectos abiertamente separatistas. En el caso de Rufián, esta dualidad no es anecdótica, sino central.

Pretender liderar un proyecto de cohesión política mientras se impulsa la fragmentación territorial constituye una paradoja irresoluble. No se trata de una tensión ideológica compleja, sino de una incompatibilidad lógica evidente.

Una operación de simulación política

El acto analizado no responde a una estrategia coherente ni a un proyecto transformador. Es, en esencia, una operación de simulación política, donde la forma sustituye al fondo y el discurso intenta compensar la ausencia de resultados.

La acumulación de contradicciones internas, ideológicas, electorales y estratégicas no permite hablar de un proyecto en construcción, sino de un relato en descomposición. Más que una propuesta, lo que se ofrece es una narrativa de supervivencia, articulada mediante símbolos, consignas y escenificaciones.

En este contexto, la crítica no es una cuestión de posicionamiento ideológico, sino de coherencia analítica. Y bajo ese criterio, el acto de Montero y Rufián no resiste un examen riguroso: se revela como lo que es, una farsa política sostenida sobre contradicciones evidentes y un discurso profundamente debilitado.


👉 Si quieres leer más artículos del autor, enlace: Francisco José Castillo Navarro


FJCN

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1 Comentarios

  1. Como van a dejar de chupar de la teta del estado que somos todos los ciudadanos,sus buenos sueldos,sus buenas vacaciones y sus pagas vitalicias ,mientras el ciudadano nos tendremos de retirar a los 70años destrozados y con una paga que no nos va ha bastar para vivir.La política se ha vuelto la ruina del ciudadano, porque no suelen llegar los mejores,sino los aprovechados y los que más saben hacer la Rosca.Este pais hace tiempo que va a la ruina total porque el político está completamente desconectado de la vida que sufrimos el ciudadano,solo servimos para pagar de cada vez más impuestos y sufrir sus demenciales políticas, están vendidos a intereses de fuera que no quieren nada bueno para España y los Españoles

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