✅ La hipocresía institucional: Francina Armengol y el doble rasero de la presunta corrupción sanchista

Cuando la presidenta del Congreso miente al Supremo: España se convierte en una democracia secuestrada al estilo chavista

Francina Armengol presidiendo una sesión en un hemiciclo parlamentario, sentada en la mesa principal con micrófono, mientras diputados y fotógrafos ocupan el fondo en una sala institucional de estilo clásico, con iluminación cálida y ambiente de sesión política formal
La presidenta del Congreso, Francina Armengol

Francisco José Castillo Navarro, Director General del Grupo Periódico  de Baleares, Presidente Fundador de AMC/

España se enfrenta una vez más a un escenario desolador donde la corrupción política se entrelaza con el cinismo más descarado. Francina Armengol, presidenta del Congreso de los Diputados, se encuentra en el epicentro de una tormenta perfecta de su propia cosecha, una situación que debería llevarle a la dimisión inmediata por simple decencia institucional. Sin embargo, su permanencia en el cargo no es más que el reflejo de un patrón de comportamiento que define la era de Pedro Sánchez: la impunidad como forma de gobierno y la corrupción como herramienta de poder.

La "conseguidora" de Baleares

El último informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil ha destapado lo que muchos ya sospechaban: Armengol no solo mantuvo una relación estrecha con Koldo García, el cerebro de la trama de las mascarillas, sino que ejerció como "conseguidora" de la presunta organización criminal en Baleares. Los mensajes entre ella y Koldo demuestran una complicidad que ella ha negado sistemáticamente tanto en sede parlamentaria como ante el Tribunal Supremo.

"Nadie miente para protegerse de algo que no existe", ha señalado el secretario general del PP, Miguel Tellado, y esta frase encapsula perfectamente la situación. Lo que ha quedado acreditado es que cuando la trama quiso realizar presuntas cosas ilícitas en Baleares, recurrió a Francina Armengol. Sin su papel, la presunta organización criminal que hoy se sienta en el banquillo no hubiera podido llevarse 3,7 millones de euros de las arcas públicas.

El informe de la UCO ha demostrado que la expresidenta balear sí habló con los líderes de la trama sobre los contratos "fraudulentos" que se están investigando y sí tenía una relación "estrecha" con el cabecilla de la misma. Ante estas evidencias, su declaración ante el Tribunal Supremo se desmorona como un castillo de naipes, dejándola expuesta no solo políticamente, sino también penalmente.

La mentira como estrategia de supervivencia

Lo más grave de este caso no es solo la presunta implicación de Armengol en una trama corrupta, sino su insistencia en negar lo evidente. Mintió en las comisiones de investigación y mintió ante el Tribunal Supremo cuando dijo que no conocía a Koldo García y negó cualquier relación con la trama. Estas no son simples contradicciones, sino falsedades deliberadas que socavan la credibilidad del Congreso de los Diputados.

El PP ha anunciado que presentará un escrito ante el Tribunal Supremo para que se analicen "las mentiras de la declaración" de Armengol. Y no es para menos: cuando la tercera autoridad del Estado miente ante la justicia, el contrato democrático se rompe. Su permanencia en el cargo no es solo una afrenta a la oposición, sino una bofetada a todos los españoles que exigen transparencia y honestidad a sus representantes.

El doble rasero sanchista

Lo más irónico de esta situación es que Armengol se aferra a su cargo con uñas y dientes mientras su jefe, Pedro Sánchez, ha convertido la impunidad en su seña de identidad. ¿Cómo puede exigir la dimisión de Armengol por sus presuntos delitos cuando Sánchez mismo se ha negado sistemáticamente a dimitir ante los escándalos que rodean a su propia familia?

Begoña Gómez investigada por presuntos delitos de influencias y tráfico de influencias, es el ejemplo más flagrante de este doble rasero. Las investigaciones sobre el hermano del presidente y sus presuntas irregularidades sobre su contratación en Extremadura, pronto se verán tanto su mujer como el hermano sentados en el banquillo, algo impensable en democracias reales y no como la española, completan un panorama donde la presunta corrupción parece ser un privilegio exclusivo de los círculos cercanos a La Moncloa.

Tellado lo ha expresado con claridad meridiana: la corrupción que se está juzgando hoy en el Tribunal Supremo es solo el primero de los juicios al sanchismo, "pero no será el último" y que pronto "llegará el turno del 'hermanísimo' y de su esposa procesada por cuatro delitos".

La democracia secuestrada

La permanencia de Francina Armengol al frente del Congreso de los Diputados no es un acto de fortaleza, sino de arrogancia. Es la demostración de que para el sanchismo, el poder es más importante que la ética, que la verdad, que la propia democracia. Cada día que Armengol permanece en su cargo, la credibilidad de las instituciones españolas se desmorona un poco más.

En un país verdaderamente democrático, con un estado de derecho sólido, una situación como esta sería insostenible. La presidenta del Congreso habría dimitido hace tiempo por el simple peso de la deshonra. Pero lo que estamos presenciando no es propio de una democracia consolidada, sino de regímenes donde la ley es una herramienta al servicio del poder. Escenarios como este son los que podríamos esperar en un país de corte autoritario, donde los líderes políticos se sienten por encima de la justicia y las instituciones se utilizan para perpetuarse en el poder.

El actual gobierno de Sánchez, con su deriva y su desprecio por las normas democráticas, parece empeñado en convertir España en una versión europea de esos regímenes donde la impunidad es la norma y la corrupción el sistema.

"Armengol no puede seguir presidiendo el Congreso ni un día más manchando el nombre de la Cámara y el nombre de la democracia española. Tiene que irse y tiene que irse ya", ha zanjado Tellado. Y tiene razón. La dimisión de Armengol no sería un acto de debilidad, sino un mínimo gesto de respeto hacia los españoles y hacia las instituciones que, supuestamente, debe servir.

Mientras tanto, Sánchez seguirá protegiendo a los suyos, blindando a los señalados y utilizando la presunta corrupción como arma arrojadiza contra la oposición. Es la táctica del ladrón que grita "¡al ladrón!" para desviar la atención de sus propios fechorías.

La única salida a este pantano de presunta corrupción e impunidad es que los ciudadanos exijan responsabilidades. La dimisión de Francina Armengol por sus presuntos delitos y su falta de veracidad. Y que, sobre todo, un gobierno que respete la ley y la verdad, no uno que las utilice como herramientas para su propio beneficio.

Mientras tanto, España seguirá siendo el país de los dos pesos y dos medidas: donde los presuntos corruptos del sanchismo gozan de impunidad, mientras el resto de los ciudadanos deben cumplir con sus obligaciones. Y eso no es democracia. Es una farsa.


👉 Si quieres leer más artículos del autor, enlace: Francisco José Castillo Navarro


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