✍️ Francesc Jusep Bonnín: Agente de Prensa, cantautor, escritor, poeta, músico y pintor/
Les hago entrega de este artículo, que nace no solo de mi pluma, sino de una necesidad vital de dar testimonio tras décadas de trayectoria en la cultura de nuestras islas. En un momento donde la inmediatez y lo efímero parecen haber ganado la partida, siento el deber moral de reivindicar la palabra, la ética y la raíz mallorquina que me han definido como artista y como hombre. No es solo una opinión; es mi declaración de principios y mi legado para los lectores que, como yo, aún creen en la verdad de un apretón de manos.
I. De la Palabra como Templo
Me opongo al uso de la palabra como herramienta de insulto o moneda de cambio. Rechazo el lenguaje vacío de la política actual, ese "y tú más" que ensordece al pueblo y lo ignora. Reivindico el regreso del discurso que construye, que sana y que respecta el silencio. Para mí, la palabra es un templo; si no tiene alma, es solo ruido.
II. Del Honor y el Gesto
Sostengo que un apretón de manos sigue siendo el contrato más sagrado entre dos seres humanos. En un mundo de firmas frías y desconfianza sistemática, apuesto por la nobleza de la palabra dada. Mi honor no es una antigüedad; es la única verdad que me mantiene humano.
III. De la Tierra contra el Plástico
Me declaro en rebeldía contra lo efímero. Frente a la cultura del "usar y tirar", defiendo la obra artesana, el poema que madura y la música que nace de la observación lenta de mi entorno. No soy un producto de mercado; soy hijo de Mallorca y del mar Mediterráneo, y mi obra no se vende al mejor postor ni a la desmemoria.
IV. Del Artista Incorruptible
No soy un siervo del poder ni un esclavo del éxito fácil. Reivindico mi derecho a la lentitud y al minimalismo. Me niego a venderme por un aplauso de plástico o por el favor de quienes no escuchan al ciudadano. El arte debe ser un acto de libertad absoluta, creado para el pueblo y, sobre todo, con el pueblo.
V. Del Legado contra el Olvido
A los que me llaman anticuado, les respondo con la memoria. La historia no contada de mi ciudad y la pureza de mi lengua son las murallas que levanto contra la uniformidad del mundo moderno. No hablo desde el pasado, hablo desde la raíz, sosteniendo lo que el viento de lo "moderno" no podrá arrastrar.
CONCLUSIÓN
No busco el aplauso de los que compran y venden el mundo; busco el silencio respetuoso de quien todavía sabe mirar a los ojos. Tengo 71 años y el alma cargada de una Mallorca que ya no se reconoce en los espejos de plástico. Si defender la palabra, el amor sin cursilería y el honor de un apretón de manos me hace un hombre de otro tiempo, que así sea. Prefiero ser un vestigio de la verdad que un éxito de la mentira. Porque al final del día, cuando se apagan las luces del teatro y calla la música, solo nos queda lo que no quisimos vender: nuestra dignidad.
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