Hemos recopilado esta información, de muchos ciudadanos y trabajadores, que han contatado con nosotros, hemos omitido los insultos, y con todo esto narramos lo acontecido, una vergüenza en toda regla.
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| La dirección de Emaya y el Ayuntamiento de Palma decidieron ignorar la propuesta de despido disciplinario y salvar al infractor con una sanción ridícula |
Hay noticias que superan los límites de la indignación para entrar directamente en el terreno del asco más absoluto. Lo sucedido en la empresa municipal Emaya, bajo la mirada cómplice y cobarde del Ayuntamiento de Palma, no es un simple caso de picaresca laboral: es un monumento a la desvergüenza, un compadreo nauseabundo que demuestra cómo las instituciones públicas y ciertos chiringuitos sindicales se tapan las vergüenzas mutuamente mientras el ciudadano asiste, estupefacto y desprotegido, al saqueo de su esfuerzo.
Bali con Cargo al Contribuyente: El Parásito Sindical
Que un representante del sindicato CGT en el comité de empresa de Emaya-Calidad del Agua tuviera la desfachatez de solicitar horas sindicales pagadas religiosamente por todos los palmesanos para largarse de vacaciones a Bali (Indonesia) es un acto de una bajeza moral indescriptible.
Este sujeto no solo traicionó a la empresa; traicionó a los trabajadores que decía defender, utilizando un derecho laboral sagrado como una agencia de viajes privada. El colmo del cinismo llegó cuando, tras sufrir un accidente en el paraíso asiático, pretendió tramitar una baja médica con la documentación que finalmente destapó el pastel. Es el retrato robot del parásito perfecto: inmoral, descuidado y convencido de su total impunidad.
La CGT: Cómplices por Silencio y Amparadores del Fraude
El papel del sindicato CGT en este entramado produce auténtica repulsión. Una organización que se llena la boca con la defensa de lo público y la pureza de la clase obrera ha mantenido a este individuo en su comité de empresa.
- En lugar de fulminarlo de inmediato para salvar una brizna de dignidad, el sindicato ha cobijado esta presunta golfería.
- Con su silencio sepulcral, la CGT demuestra lo que verdaderamente es: una estructura rancia dedicada a proteger los privilegios de sus liberados, sin importar lo sucios que estén sus actos. El sindicalismo en Palma ha quedado retratado como un nido de privilegios donde se premia el engaño.
El Ayuntamiento de Palma y Emaya: Una Gestión Vomitiva
Pero si el comportamiento del sindicalista y su sindicato es repugnante, la respuesta del Ayuntamiento de Palma y de la dirección de Emaya es directamente delictiva desde el punto de vista ético. Estamos ante una presunta prevaricación moral que inhabilita a los actuales gestores para ocupar un solo día más sus cargos.
El propio instructor de Recursos Humanos, tras analizar la gravedad del fraude, exigió el despido disciplinario inmediato. Era la única salida digna. Sin embargo, la dirección de la empresa municipal, arrodillada ante el miedo a las represalias sindicales o por puro compadrazgo de pasillo, decidió ignorar el informe técnico y aplicar una ridícula "sanción" de dos meses de suspensión.
El mensaje que lanza este Ayuntamiento es devastador: "Roba el tiempo público, vete a Bali a costa del ciudadano, y si te pillamos, te daremos dos meses más de vacaciones (esta vez sin sueldo) y luego volverás con la cabeza alta a tu puesto de trabajo". Es una humillación pública a cada trabajador honrado de Emaya que cumple con su deber diariamente.
Deben Caer Todos: Despido y Destituciones Ya
Esta resolución es una mancha de estiércol sobre el Ayuntamiento de Palma. El sindicalista ya ha cumplido sus 60 días de burla y se ha reintegrado "con normalidad" a sus funciones. No hay normalidad posible en la podredumbre.
El despido disciplinario inmediato del defraudador. Pero no basta con eso: todos y cada uno de los directivos y responsables políticos que votaron, firmaron o consintieron esta rebaja de la sanción deben ser cesados de fulminantemente. Quien ampara la presunta corrupción interna es tan corrupto como el que la ejecuta. Palma no puede seguir gobernada por cobardes que tiemblan ante las siglas de un sindicato y escupen en la cara de los ciudadanos que les pagan el sueldo.
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