✅ Bosques + Irresponsabilidad = Fuego

Siendo éste un artículo crítico y político, no va contra ningún partido en concreto, o de todos.

Un análisis crítico sobre la gestión de los recursos naturales en España cuestiona la descentralización y reclama una política forestal y ambiental unificada.

El autor reclama una política nacional para prevenir futuras catástrofes
Un análisis crítico sobre la gestión ambiental y forestal en España


Autor
Por: Mariano Gomá: Arquitecto, escritor y Presidente de Foro España Cívica


Veamos: 

Si alguien conduce sin carnet un vehículo o gobierna un carguero sin ser marino mercante, dispara una ametralladora sin licencia u opera a corazón abierto sin ser cardiólogo, pasa lo que pasa. Así mismo, si hay decisiones en manos de ecologistas de salón, perroflautas aprovechados de movimientos inventados por auténticos sinvergüenzas accedidos a responsabilidades de gobierno a los que han seguido apóstoles crédulos e indocumentados, vuelve a pasar lo que pasa.

España es un país meridional con un clima cálido que en los últimos miles de siglos no ha variado en su latitud geográfica y, como el resto del mundo, está experimentando un calentamiento global por periodos geológicos, capa de ozono, malignas emisiones, contaminación, superpoblación y vayan ustedes a saber qué otras razones visibles o invisibles. Por tanto, todos sabemos que no es Noruega, Finlandia o Alaska, aunque allí también de vez en cuando suceden desastres ecológicos.

Pero, centrando el tema en nuestro país, resulta que es una única unidad territorial que, por puro y simple sentido común, debería tener también una política de protección patrimonial natural central, única y común, con responsabilidad centralizada y además en manos de los mejores.

Por supuesto, creo en la descentralización y en las responsabilidades de los gobiernos autonómicos, pero hay cuestiones que jamás debieran haberse dejado en manos de porciones de España separadas tan solo por límites políticos y no geográficos, a excepción de Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla.

La política hidráulica, energética, forestal, sanitaria, educacional y de defensa no debería estar en manos de agentes parciales y de falsas e impuestas competencias, porque cualquier catástrofe general no sabe de fronteras entre Valencia y Albacete, entre Ávila y Toledo o entre Córdoba y Cáceres, donde se ponen a resolver el desastre los reyezuelos, comendadores o feudales de turno.

Además, en toda esa amalgama competencial, en donde mandan todos y nadie manda, se han incrustado como lapas ese conjunto de sátrapas venidos a la sanidad de la ducha, a la cresta de colores y a la tarjeta de crédito que han obligado a los gobiernos a destinar fondos a los conceptos más peregrinos, olvidándose de proteger los frentes por dónde vienen las catástrofes.

Entiendo la defensa de la violencia hacia las gallinas, enseñar las tetas en una iglesia o festivales femen o multisex, repoblación de pobres lobos y osos carnívoros que acaban con los animales herbívoros, que son precisamente los que limpian los bosques, pero es inadmisible dejar responsabilidades en iletrados e indocumentados, colocándolos al mando de la nave.

Reforestar sin ton ni son, a mayor gloria de ver quién planta más árboles, es un acto terrorista de efecto retardado si después no se adopta una política de protección, limpieza, tala y creación de mosaicos cortafuegos.

En los países de gran masa forestal, sin tener muchas veces nuestro clima de riesgo, al pasear por el bosque uno se encuentra con macizos de troncos talados y apilados y protegidos en grupos, y a su vez cantidad de árboles con señales y marcas de colores que indican periodos y programación de talas; pero aquí en España estos ecologetas no distinguen un pino de un chopo, ni el arbusto del sotobosque, y para ellos las piñas son como pelotitas duras que dan piñones para la ensalada, por supuesto vegetariana.

Para esa gente un pastor, un forestal, un agricultor o un agrónomo son solo grupos que siempre se quejan de su soledad o falta de ayudas, cuando lo más fácil sería fumarse un porrito en un banco del parque, blandir una pancarta en defensa de los transgéneros o denunciar el maltrato a la cabra hispánica o a las gambas de Palamós.

Fomentar los bosques artificiales, los cauces hidráulicos naturales alterados por un desaforado urbanismo o multiplicar generadores de energía sin control es tan criminal como abandonar a un recién nacido en la puerta de una inclusa o un portal, ahorcar a un galgo viejo ya inservible o poner una pistola cargada en manos de un etarra.

Así nos va.

👉 Si quieres leer más artículos del autor, enlace: Mariano Gomá

Publicar un comentario

0 Comentarios

📬 No te pierdas nada

Cada semana, los mejores artículos directo a tu bandeja.