Hay patrias que se heredan y otras que se construyen
Dejar Cuba para echar raíces en España demuestra que la verdadera integración no exige borrar el pasado, sino sumar esfuerzos para construir un futuro compartido con dignidad.
Sentirse de dos lugares a la vez es posible cuando un país te acoge y te permite construir tu vida sin olvidar de dónde vienes |
Nací en Cuba
Como tantos otros, un día hice una maleta llena de incertidumbre y crucé un océano buscando algo que millones de personas han buscado antes que yo: una oportunidad para vivir con dignidad.
La encontré en España.
Aquí trabajé. Aquí aprendí. Aquí volví a empezar. Y aquí también creció mi familia. Mis afectos y mis sueños echaron raíces en esta tierra hasta el punto de que ya no puedo explicar mi historia sin hablar de España.
Está el país donde uno nace y otros donde uno aprende a vivir.
España no es perfecta, ningún país lo es. Tiene sus contradicciones, sus heridas y sus debates. Pero hay una España que existe por encima del ruido. Una España plural, diversa, abierta. Una España que un día también fue emigrante.
No hace tanto eran los españoles quienes hacían las maletas para marcharse a Francia, Alemania, Suiza, Venezuela o Argentina. Dejaban atrás a sus familias buscando exactamente lo mismo que hoy buscamos quienes llegamos desde otros lugares: trabajo, estabilidad y un futuro mejor.
Por eso me cuesta entender que a veces olvidemos nuestra propia historia.
España conoce el dolor de partir, sabe lo que significa empezar desde cero en una tierra desconocida y precisamente por eso tiene una oportunidad extraordinaria: demostrar que la memoria también puede convertirse en solidaridad.
Acoger no significa regalar, nunca lo ha significado. Acoger significa abrir una puerta para que quien llega pueda demostrar su esfuerzo, su talento y sus ganas de construir.
Quienes emigramos no buscamos que nos regalen una vida, buscamos la posibilidad de ganárnosla.
Eso fue lo que encontré aquí. La oportunidad de trabajar, de aportar, de pagar mis impuestos, de participar en la vida de mi comunidad y de criar a mi familia en libertad.
Ser español no siempre depende del lugar donde naciste. También tiene que ver con el lugar donde decides cuidar el bien común. Con emocionarte cuando algo bueno le ocurre a este país. Con sufrir cuando las cosas no funcionan. Con sentir que el futuro de España también es tu propio futuro.
Hoy sigo siendo cubana, lo seré siempre. Mis raíces están en la isla que me vio nacer y de la que guardo recuerdos, acentos y nostalgias. Pero también me siento profundamente española porque España no borró mis raíces, les dio un lugar donde seguir creciendo.
Mi familia ha crecido en territorio español. Aquí hemos celebrado nacimientos, superado dificultades, construido amistades y encontrado oportunidades. España ya no es únicamente el país que me acogió, es el país donde se escribe buena parte de la historia de quienes más quiero.
No siento que tenga que elegir entre una identidad y otra, las llevo conmigo y ambas me hacen mejor.
John Lennon imaginó un mundo sin fronteras. Quizá sea una utopía. Pero sí podemos aspirar a construir países donde las fronteras no impidan reconocer la dignidad del otro.
España puede seguir siendo ese país, un país que no pregunte primero de dónde vienes, sino qué estás dispuesto a aportar. Un país que valore el trabajo, la convivencia y el respeto por encima del lugar de nacimiento. Porque la verdadera riqueza de una nación nunca ha sido la uniformidad, siempre ha sido su capacidad para integrar sin obligar a renunciar a lo que uno es.
Yo llegué siendo una inmigrante cubana y hoy soy una mujer cubana que también se siente española. No porque haya olvidado de dónde vengo sino porque España me permitió descubrir hacia dónde podía ir.
Los países no se hacen grandes por el tamaño de sus fronteras, se hacen grandes por la capacidad de convertir a quien llega con esperanza en alguien que también siente ese país como propio.
Y cuando eso ocurre, ya no hay dos historias, hay una sola. La de una España que un día emigró, que hoy acoge y que sigue creciendo gracias a todas las personas que, nacidas aquí o llegadas desde lejos, trabajan cada día para hacerla mejor.






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