Un emotivo viaje a través de la historia de la escritura y la reivindicación del valor humano frente a la era digital
En un mundo dominado por la inmediatez electrónica, nos detenemos a reflexionar sobre la esencia de la comunicación humana. Esta es la voz en primera persona de una carta tradicional, que nos relata su fascinante evolución desde la piedra hasta el papel, recordándonos la magia inigualable de los mensajes que atraviesan distancias cargados de emociones reales.
Escribir a mano sigue siendo un acto de resistencia íntima frente a la inmediatez de los tiempos modernos Por: Francesc Jusep Bonnín: Agente de Prensa, cantautor, escritor, poeta, músico y pintor. |
Mis muy apreciados amigos:
Os escribo al uso, si, así como se solían escribir, unas cosas llamadas cartas, siiiiiiiiiiiiii tenéis que acordaros.
Desde mis antepasados de piedra, pasando por el barro cocido desde las civilizaciones Caldea y Asiria, del plomo y el bronce, este último usado por los romanos, y siguiendo por la corteza de árbol, tablitas de madera encerada o blanqueada, muy en boga entre griegos y latinos, usándose durante toda la Edad Media, el papiro, tiras (llamadas phillyreae por los romanos), el lienzo, usado a menudo por los egipcios, las pieles y, sobre todo, el pergamino, preferida en los códices medievales, la vitela, especie de pergamino más delicado, (en latín, vitella) y al fin el papel, fabricado con pasta de algodón, lino o cáñamo e incluso de madera (ésta desde mediados del siglo XIX) de procedencia oriental, en Europa desde el siglo XIII de nuestra era ya generalizado en su uso desde mediados de este siglo XIII.
La historia de mi vida como veis es larga y provechosa y se que me seguís usando, pero ya no es lo mismo, me habéis relegado a cartas comerciales, o a cartas de información.
Pero la esencia de mi ser estaba en la carta escrita a mano, contando avatares de la vida en papel blanco normal, o quizás con un tono pastel en azul o rosa en las cartas de amor perfumadas, o en los infinitos poemas de los poetas improvisados al tiempo y el espacio y la necesidad imperiosa de dejar en letras, usando el bendito don de la palabra, constancia de sus ideas, amores, ilusiones, vivencias, e incluso proyectos.
Recuerdo las viejas cartas escritas por los abuelos del pueblo con su inimitable principio que rezaba tal que así "Querido .......... Espero que al recibo de ésta te encuentres bien de salud, nosotros bien "G .A.D."
O el genial epílogo que decía, "Un beso y un abrazo de tu ...... que lo es".
Echo mucho de menos la figura del ciudadano/a, camino del estanco para poner un sello, quizá conmemorativo de algún evento mundial o ese "lametón" para sellar mi intimidad, seguido de otro para el sello que marcaría el precio de mi destino, la dirección con letra de imprenta escrita sobre mi lomo, y en el cierre la dirección del remitente.
Y al final de la carta, la consabida post_data.
Me ganó la electrónica, los tiempos modernos, pero ¿sabéis?
No me resisto a desaparecer, a viajar a través de todo el mundo para decir que "te añoro" o que " te quiero " o contarte cosas mediante ese don bendito de la palabra escrita, con ese otro don de viajar lejos, lleno de esperanza en la contestación de esta humilde carta.
P.D.
Sin nada más que contarte por el momento, se despide de ti con un beso y un abrazo esta carta, tu carta que "lo es".
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