Mucho antes de la tecnología moderna, los romanos desarrollaron un ingenioso sistema de calefacción llamado hipocausto, que permitía calentar el suelo y las paredes de las viviendas más acomodadas.
El aire caliente circulaba bajo el pavimento y entre los muros, proporcionando calor en invierno, especialmente en termas y villas. Un avance sorprendente que demuestra hasta qué punto la ingeniería romana estaba adelantada a su tiempo.
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