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Investigadores canadienses crean biosensores vivos capaces de detectar alteraciones intestinales antes de que aparezcan síntomas, abriendo la puerta a diagnósticos más tempranos y personalizados
El intestino es uno de los órganos más complejos y menos visibles del cuerpo humano, pero en su interior se producen cambios constantes que pueden anticipar problemas de salud mucho antes de que aparezcan síntomas clínicos. El gran desafío hasta ahora ha sido cómo observar esas señales sin recurrir a técnicas invasivas ni alterar el delicado equilibrio de la microbiota intestinal.
Un equipo de investigadores ha dado un paso decisivo al desarrollar bacterias intestinales modificadas que actúan como auténticos biosensores vivos. Estas bacterias emiten un brillo fluorescente intenso cuando el intestino está sano y lo atenúan cuando detectan condiciones asociadas a enfermedad. Los resultados del estudio, publicados en la revista científica Cell, podrían transformar la forma en que se diagnostican y monitorizan los trastornos gastrointestinales.
A diferencia de las pruebas actuales —como endoscopias o biopsias—, este sistema permite una monitorización continua y no invasiva a través del análisis de muestras de heces. Los investigadores han trabajado con Bacteroides thetaiotaomicron, una bacteria beneficiosa que vive de forma natural en el intestino humano y que responde con gran sensibilidad a los cambios del entorno intestinal.
Uno de los indicadores clave que detectan estas bacterias es el estrés osmótico, una alteración que aparece cuando el intestino no absorbe correctamente los nutrientes y se acumulan moléculas no digeridas. Este proceso suele estar relacionado con patologías como la enfermedad inflamatoria intestinal o la celiaquía, y puede provocar diarrea e inflamación incluso antes de que el paciente sea consciente del problema.
Para superar las limitaciones de otros biosensores, los científicos invirtieron el sistema tradicional: en lugar de hacer que las bacterias brillen al estar estresadas, las diseñaron para que pierdan intensidad lumínica cuando algo no va bien. De este modo, cuanto menor es el brillo, mayor es el nivel de alteración intestinal detectado.
Las pruebas realizadas en modelos animales han demostrado que el sistema es capaz de identificar cambios sutiles que aún no generan síntomas clínicos, y que puede mantenerse estable durante semanas. Esto abre la posibilidad de anticiparse a la enfermedad, mejorar la prevención y avanzar hacia una medicina digestiva más precisa.
A largo plazo, los investigadores aspiran a desarrollar biosensores bacterianos capaces de detectar múltiples parámetros a la vez como oxígeno, pH o temperatura e incluso sistemas inteligentes que liberen medicamentos solo cuando se detecten señales concretas de enfermedad, marcando un nuevo horizonte en la medicina personalizada.







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