✅ El bruxismo no siempre es malo: lo que puede estar indicando sobre tu salud

El bruxismo puede ser una señal de otros problemas de salud y no siempre es perjudicial

Persona con tensión mandibular relacionada con bruxismo
Persona con tensión mandibular relacionada con bruxismo

Asociación de Medios de Comunicación Digitales/

Apretar los dientes puede actuar como mecanismo de defensa del organismo ante trastornos como la apnea o el estrés

El bruxismo, tradicionalmente vinculado al estrés y al rechinar de dientes durante el sueño, está siendo reinterpretado por la comunidad médica. Lejos de considerarse una enfermedad en sí misma, los expertos lo definen como una actividad muscular de la mandíbula que puede tener distintas causas y significados en función de cada paciente.

Según los especialistas, este hábito puede manifestarse de dos formas: el bruxismo de vigilia, más frecuente y relacionado con la tensión diaria o la concentración, y el bruxismo del sueño, que ocurre de manera involuntaria mientras dormimos.

Actualmente, se estima que una de cada cuatro personas presenta bruxismo durante el día, mientras que entre un 10% y un 20% lo sufre durante el sueño, cifras que podrían estar aumentando debido al ritmo de vida y al estrés.

Uno de los aspectos más relevantes es que el bruxismo no siempre es negativo. En algunos casos, puede actuar como un mecanismo de defensa del organismo frente a otros problemas de salud, como la apnea obstructiva del sueño o el reflujo gastroesofágico. Es decir, puede ser una señal de alerta que indica que algo no funciona correctamente en el cuerpo.

No obstante, cuando se mantiene en el tiempo, puede provocar consecuencias como desgaste dental, fracturas, sensibilidad, dolor cervical o cefaleas, además de rigidez en la mandíbula al despertar.

El abordaje actual se centra en un tratamiento individualizado, que no solo protege los dientes ,por ejemplo, mediante férulas, sino que busca identificar y tratar la causa subyacente. En este sentido, los expertos recomiendan mejorar los hábitos de vida, reducir el estrés, cuidar el descanso y limitar el uso de pantallas.

Además, en casos con dolor asociado, pueden aplicarse terapias complementarias como fisioterapia o tratamientos específicos, siempre bajo supervisión médica.


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