El panorama político actual se ve empañado por las actitudes de ciertos líderes, marcadas por una chulería y agresividad constantes. Estas formas vacían el debate de empatía y nos evocan peligrosos ecos de un pasado que creíamos superado
Una reflexión sobre cómo las actitudes chulescas y agresivas de algunos líderes políticos actuales nos recuerdan a los clásicos macarras de bolera
✍ Milo Ferreira: Agente de Prensa, Delegada Galicia, Interiorista, Tasador Bienes raíces, Herencias, Perito Judicial/
Si buscamos en internet la palabra macarra, nos encontraríamos con que es un término coloquial y despectivo que se utiliza para describir a una persona con comportamientos chulos, agresivos, insolentes y vulgares. Un comportamiento de alguien provocador, pendenciero, que busca pelea y se comporta de manera chula.
Según el Diccionario de la lengua española, se define así: “a veces puede referirse de forma atenuada a alguien que es rebelde o descarado, pero generalmente mantiene una connotación negativa de mala educación y agresividad”.
Dicho esto, creo que la definición es bastante semejante al comportamiento que de muchos de nuestros políticos, tanto a nivel nacional como a nivel internacional, estamos visualizando en todos los telediarios.
Nos parece que, cuando vemos un noticiero, en ocasiones estamos visualizando aquellas películas grises de antaño, donde salía como protagonista el típico guaperas, con el pelo engominado, la camisa medio abierta dejando ver el pecho, el pantalón ceñido y un palillo en la boca, que en ocasiones se quitaba despacio para amedrentar al que no le gustaba o, sencillamente, causaba algún tipo de amenaza al poder que ejercía sobre el resto de los colegas. Estos, normalmente, solían estar en las boleras, donde se cocían y organizaban planes macabros para obtener dinero, amenazar al de turno o sencillamente quitarlo del medio.
Los trajes que ocultan el nivel del macarra
Como os iba diciendo, en estos momentos, el macarra ya no va con el pantalón ceñido, ni con el palillo en la boca, ni tampoco está en la bolera. Aunque sí podríamos hacer un símil actualizado del macarra moderno. Este ser va con un traje, si puede ser de Emilio Tucci, con unos zapatos lustrosos, maquillado para las cámaras y con un aire melodramático preparado para la ocasión. Y la ocasión es el lugar que sustituye a la bolera: si hablamos del ámbito nacional, estaríamos hablando de las Cortes, y si hablamos del más significativo en estos momentos, hablaríamos del Capitolio, con la diferencia de que este último es el “prota” del mundo mundial, como diría un niño de guardería.
Este macarra se dedica a la política, o a eso que todos conocemos como política, que a veces no sabemos cómo describir. Las actuaciones de estos protas de basuras varias son los que están dirigiendo el mundo, son los que comienzan guerras para justificar el gasto bélico que tienen los países en cada uno de sus presupuestos. Y la intencionalidad de algunos no es más que demostrar quién la tiene... más larga, más gorda y juguetona.
Con el del Capitolio, estamos todos estremecidos, ya que es improbable que nadie se la pueda medir, porque no se la saca ni para ir al baño, ya que un día dice una cosa y al día siguiente todo lo contrario. Se ha montado su propia bolera particular, ya que es, como se diría en Mallorca, el “amo del corral” y, como un perro, ha marcado todos los rincones donde puede dejar su huella. Ha puesto a todos contra la pared, les ha indicado las instrucciones de uso del palillo y además les ha dicho que el único que se pone el palillo en la boca es él. Y, aguantando la respiración, algunos han puesto mala cara, pero han agachado la cabeza.
Este macarra se ha permitido el lujo de insultar y transgredir las normas más básicas, además de amenazar a una institución tan elevada como la OTAN, ya que nadie le puede decir ni la hora, porque su reloj marca la hora más exacta que el de nadie. Es tal el nivel de macarrismo que el resto de la pandilla de macarras del club lo dejan hacer, mientras las diferentes boleras se quedan sin suministros, como si de la antigua ley seca se tratara.
El macarra nacional
El macarra nacional no solo se ha puesto chulo, el más chulo del club, diciendo que “NO”, que no pasa por el aro, sino que a este, “el del Capitolio”, se le han levantado los pelos y, en un ataque de histeria, se ha puesto a patalear en el suelo y comunicó al mundo que el gran error será llevarle la contraria, porque él es quien la tiene más larga.
Evidentemente, ante tales declaraciones, los del club ya no saben qué tienen que decir, ni qué tienen que hacer, y lo único que les queda es esperar a que uno de los macarras menos populares haga algo para que pare y desista de su obcecación de dominar el mundo. Pero claro, como dice la Biblia, “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”…
Y ahí está el gran hándicap: nadie puede ser embajador ni de la moral ni de nada, ya que en el club de los macarras, todos están hasta las cejas de actuaciones que van en contra de la seguridad y el beneficio del resto de los mortales. Los subyugados al poder de la mezquindad nada pueden hacer, solo esperar a que una gran luz los ilumine y dejen de jugar en las boleras, utilizando a los ciudadanos como si fueran bolos que ellos tiran a discreción para su entretenimiento y beneficio.
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