La falsa moral de una estrella que vende su propia familia por dinero
La exjugadora del Real Madrid y del Gotham, de 34 años, ha sorprendido al fichar por el Al Qadsiah. El deporte rey ha vuelto a demostrar que, para ciertas figuras, la ética y los principios tienen un precio fijado en petrodólares.
La delantera y campeona del mundo Esther González ha protagonizado uno de los episodios más bochornosos y decepcionantes del fútbol femenino reciente tras certificar su millonario fichaje por el Al Qadish de Arabia Saudí.
Lejos de defender los valores de libertad, visibilidad y dignidad que tantas veces se le presuponen a las grandes figuras públicas, la jugadora española ha optado por la censura más cobarde. En un claro ejercicio de hipocresía y sumisión, la delantera ha borrado de golpe todas las publicaciones de sus redes sociales donde aparecían su mujer y su hijo. Un intento patético de borrar su propia vida y su familia con el único objetivo de no incomodar a sus nuevos y opulentos jefes en un régimen donde los derechos LGTBIQ+ bruscamente brillan por su ausencia.
¿De qué sirve abanderar causas sociales si a la primera de cambio, ante el brillo de los billetes, se oculta aquello que supuestamente se defendía?
Este movimiento deja al descubierto la más absoluta falsedad de una persona que se vende por dinero. Años de supuesta lucha, discursos empoderadores y pancartas quedan reducidos a cenizas en el preciso instante en que aparece sobre la mesa un contrato desorbitado.
Esther González ha preferido camuflar su identidad y pisotear su propio recorrido personal para amasar una última gran fortuna, demostrando que su compromiso era de escaparate. La dignidad no cotiza en bolsa, pero la de la jugadora granadina ha quedado profundamente vendida y arruinada por el peso de la chequera saudí. Una triste e indigna manera de traicionar los propios colores por mero interés económico.





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