Un canto poético al amor, la complicidad y los instantes robados frente a la orilla del mar
Entre la brisa marina y el rumor de las olas, versos que celebran la ternura de conquistar un beso, una mirada y el tiempo compartido junto al agua.
| Gaviotas en pleno vuelo sobre las aguas del mar durante la caída del sol |
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Sentado en la orilla de mi playa de siempre, vengo a robarte un beso de sal. Un beso de contrabando, una sonrisa en clave de sol, un entrañable abrazo de amor, sin príncipes ni ranas, ni nadie controlando. Vengo a robarte un suspiro.
Quizá te robaré una mirada o el roce de una mano que busca la tuya por sentirse más amada.
Te robaré esas dos lunas que asoman por tu escote sin ni siquiera pudor.
Hoy vengo a robarte a ti, escondido entre primaveras y veranos y otoños al atardecer. Y en invierno recrearnos en el fuego del ayer, tal vez con canciones de papel, y amor en una guitarra.
Vengo a robar para ti, la mar, la espuma, la sal y el coral para no quedarme sin nada.





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