Una profunda reflexión de Francesc Jusep sobre la nostalgia de nuestras raíces frente al implacable avance del cemento
A través de una mirada íntima y melancólica, el autor nos invita a detenernos y contemplar el paisaje tradicional de nuestra tierra. Un emotivo canto a la resistencia de los olivos y encinas, cuya belleza eterna contrasta con la pérdida de la esencia natural ahogada por las prisas, los neones y las frías torres de cemento.
La escarcha se colgaba de olivos y encinas y esculpía de azules todas las horas del día, cabalgaba entre piedras, compartiendo sueños, compartiendo campos, besando los viejos senderos que labran mi tierra. La que un día fue mía, esculpiendo historias de melancólicos recuerdos.
Olivos y encinas miraban al cielo, y me decían que cerca está todo y a la vez que lejos, mientras nuestras raíces descubren que el tiempo agoniza, la tierra se duele de torres de cemento y avaricia sostenida. Que neones y prisas cerraron los ojos a la brisa y al viento.
Y en la esperanza todavía…..
La escarcha se colgaba de olivos y encinas.





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