✍ Milo Ferreira: Agente de Prensa, Delegada Galicia, Interiorista, Tasador Bienes raíces, Herencias, Perito Judicial/
Galicia es un lugar mágico y encantado por su abundancia de naturaleza que, como la vida, surge a raudales. Todo en Galicia huele a naturaleza, a tierra cuando llueve, ese olor tan característico a naturaleza mojada, esos grandiosos árboles, escondidos en inmensos bosques, rodeados de agua, ya sea de lluvia, de ríos o de mares. Esas fuentes que brotan en cualquier rincón de sus caminos, pueblos, aldeas y campos. Y esos bosques encantados que se podría decir salidos de un auténtico cuento de magia.
La magia que tiene Galicia en todos sus rincones es la misma magia que sus habitantes arrastran desde sus ancestros y antepasados. Gente ruda, gente luchadora y gente que está enraizada en la tierra, en esa misma que hoy les concede esa magia que durante siglos estuvo allí. Sus conquistadores venidos del norte ya mostraron sus creencias y rituales cuando se instalaron, y dejaron al irse todo aquello que conjugó con la tierra gallega e hizo que se quedara y creciera.
La magia que se respira en sus bosques es ese poder de la naturaleza que hace que todo se transforme para bien y para mal. Y esa misma magia que durante siglos estuvo de forma silenciosa y escondida, un día brotó por medio de las meigas, mujeres grandes conocedoras de lo ancestral y del poder de la tierra sobre la humanidad.
Estas mujeres eran mujeres sabias, conocedoras de lo ancestral, de la naturaleza y de lo humano. Conocían todo tipo de hierbas curativas y procedimientos para la curación, por medio de ungüentos y pócimas, que maceradas en las noches clave protegían y ayudaban al viandante que a sus puertas llegaba.
Estas mujeres no tenían ningún aspecto especial diferenciador del resto. En su mayoría eran mujeres que creaban medicinas gracias a su conocimiento del entorno natural, llamadas meigas menciñeiras, contrarias a las meigas chuchonas, deshumanizadas y carentes de respeto hacia lo sagrado, que realizaban rituales con sacrificios para obtener sus deseos y hacer daño.
Las meigas sufrieron su mayor persecución cuando la Santa Inquisición comenzó a perseguirlas por la creencia de que adoraban al diablo. Por ser mujeres sabias, con conocimientos que a la Iglesia le generaban miedo por no comprender lo ancestral.
Huyendo, se refugiaron en montes y aldeas escondidas, rodeadas de bosques de difícil acceso. Solo aquellos que las buscaban de verdad lograban encontrarlas, porque ellas sentían cuando alguien llegaba en su busca.
La propia naturaleza les enseñó a vivir entre los demás, escondiendo sus dones y su sabiduría. Continuaron sus vidas de forma silenciosa, desarrollando sus capacidades como meigas menciñeiras, mientras las meigas chuchonas, ocultas, seguían practicando rituales cuando se las requería.
Algo distinto son las bruxas gallegas, asociadas a la imagen de la bruja maligna. Mientras la meiga, dentro de la mitología celta, posee una complejidad mucho mayor entre lo bueno y lo malo, la bruxa se asocia a la maldad y los dañiños.
Por su ambivalencia, la meiga puede situarse en ambos extremos, dedicándose al curanderismo natural, como mujer sabia e independiente, con la capacidad de transformar mediante conocimientos y magia lo que la naturaleza ofrece.
La leyenda de la meiga sigue viva hoy en día, existiendo muchos tipos de meigas según sus dones y regiones. Algunos autores sostienen que las bruxas fueron una construcción del cristianismo para demonizar a las meigas gallegas.
Entre ellas se encuentran las menciñeiras, las cartuxeiras con dones adivinatorios, las vedoiras capaces de ver espíritus y la Santa Compaña, y las temidas chuchonas, consideradas las más peligrosas.
Especial mención merece la meiga de los dientes verdes, del Castro de Rebordelos, una auténtica asustaniños de la tradición gallega.
Estas leyendas muestran que las meigas estuvieron y siguen estando entre nosotros, presentes en el lenguaje popular:
“Cousas de meigas”, “Meigas fora”, “Nin que te mirase unha meiga”.
La creencia fue tan fuerte que el Obispado de Orense llegó a excomulgarlas, quemar y torturar a muchas mujeres acusadas de meigas.
Hoy en día, la magia sigue impregnando Galicia, especialmente en los días de niebla y lluvia, cuando lo invisible parece hacerse presente.
Porque en Galicia, aun diciendo que no se cree en ellas, haberlas, haylas. Y tras recorrer sus bosques y montes, resulta difícil negar que la magia de Galicia está íntimamente ligada a la existencia de las meigas, mujeres adelantadas a su tiempo, guardianas del equilibrio entre lo real y lo ancestral.
Nadie sabe dónde están, pero todos conocen su historia.
Y la leyenda continúa.
¿Dónde estarán las meigas de hoy?








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