✍Francisco José Castillo Navarro, Director General del Grupo Periódico de Baleares, Presidente Fundador de AMC/
Vivimos en una época donde casi todo parece estar al alcance de una transacción. El mercado ha aprendido a poner precio a objetos, experiencias e incluso a promesas de felicidad. Y, sin embargo, hay una verdad que nos mira de frente, tan sencilla como incómoda: hay dimensiones de la vida humana que no se pueden comprar. Dimensiones que solo se revelan cuando el vacío se hace evidente.
“Puede comprar una cama, pero no un sueño.”
El sueño no es solo descanso físico; es un reflejo del alma. El insomnio, las pesadillas, el descanso interrumpido son mensajes de la ansiedad, del estrés, de los conflictos que no encuentran resolución. Se puede comprar la cama más lujosa, pero si la mente está cargada de ruido, el sueño no llega. Solo la paz interior, la armonía de la conciencia, permite que el descanso profundo se pose sobre nosotros.
“Puede comprar un reloj, pero no el tiempo.”
El tiempo que realmente importa no se mide en horas ni minutos. Podemos llenar nuestras agendas de compromisos, y aun así sentir que la vida se nos escapa entre los dedos. El tiempo cobra sentido cuando se habita con presencia, cuando cada instante se vive con propósito. Comprar objetos que prometen “ahorrar tiempo” es inútil si no sabemos para qué queremos vivirlo.
“Puede comprar un libro, pero no la inteligencia.”
El conocimiento no es sinónimo de sabiduría. Leer no garantiza entender, acumular datos no asegura criterio. La inteligencia florece en la experiencia, en la reflexión, en la valentía de cuestionarse a uno mismo. No se encuentra en una tienda; se cultiva con humildad, con errores, con el trabajo silencioso del autoconocimiento.
“Puede comprar una posición, pero no el respeto.”
El respeto genuino no se impone; se construye. Los títulos, cargos y jerarquías pueden generar obediencia, pero solo la coherencia, la ética, el trato humano despiertan respeto verdadero. Se respeta a quien escucha, a quien valora, a quien ve al otro; no a quien ocupa un trono vacío.
“Puede comprar la medicina, pero no la salud.”
La salud es más que ausencia de enfermedad. Es equilibrio del cuerpo, la mente y el corazón. Muchas dolencias son palabras que el cuerpo pronuncia cuando la mente calla. Ningún medicamento reemplaza una vida desordenada, relaciones tóxicas o la desconexión con uno mismo. La salud se cultiva, se siembra, se mima.
“Puede comprar el sexo, pero no el amor.”
El amor es riesgo, entrega y vulnerabilidad. Amar significa mostrarse, abrirse al otro sin máscaras. El sexo puede ser físico; el amor es un vínculo del alma, tejido con tiempo, cuidado y presencia. No se compra, no se fuerza, no se toma; se gana y se recibe con respeto mutuo.
Quizá lo más valioso en la vida el descanso, el tiempo vivido, la sabiduría, el respeto, la salud, el amor no se adquiere en mercados ni tiendas. Solo surge cuando lo cultivamos, cuando nos detenemos a mirar dentro, cuando elegimos nutrir lo que de verdad da sentido a nuestra existencia.
Y en ese silencio, en esa atención, quizás descubramos que lo que buscamos siempre ha estado esperando ser cosechado desde nuestro propio interior.
FJCN


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4 Comentarios
Verdades como puños
ResponderEliminarSe nota que escribes con el alma, gran escritor
ResponderEliminarMuy bonito como escribes, y todo lo que dices es cierto
ResponderEliminarMuchas personas piensan que comprando encontar la felicidad son unos ilusos e infelices
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