✍Francisco José Castillo Navarro, Director General del Grupo Periódico de Baleares, Presidente Fundador de AMC/
La situación lamentable de la limpieza en Palma ya no admite más excusas ni discursos vacíos. La incompetencia tiene nombre y apellidos: el PP de Palma y, de forma directa, la dirección de EMAYA, encabezada por su presidente, Llorenç Guillem Bauzá, cuya gestión ha demostrado ser inútil, ineficaz y desconectada de la realidad de la calle.
Por mucho que el alcalde de Palma, Jaime Martínez, intente desviar responsabilidades apelando a la supuesta “implicación ciudadana”, la pregunta es tan simple como incómoda: ¿dónde van los impuestos de los palmesanos? Porque lo que es evidente es que no se traducen en calles limpias, barrios dignos ni servicios públicos eficaces.
Resulta insultante que desde el Ayuntamiento se sugiera que los ciudadanos deben limpiar las calles, mientras EMAYA acumula recursos, cargos y sueldos astronómicos sin resultados visibles. La limpieza urbana no es voluntariado, es un servicio público esencial que se paga y muy caro con dinero público.
Una red de privilegios enquistada
A esta situación se suma un problema aún más grave: la pervivencia de jefaturas heredadas de anteriores legislaturas de MÉS y PSOE, que siguen ocupando puestos clave como jefes de área y de departamento. ¿Para qué están? Para no hacer nada, para esperar a que vuelvan a gobernar los suyos, aunque cuando gobernaban ya se vio la ineficacia e ineptitud de los anteriores presidentes de EMAYA, Neus Truyols (Més) y Ramón Perpinyà (PSOE) mientras el perjudicado es siempre el pueblo.
Eso sí, sus sueldos de hasta 80.000 euros anuales nadie los toca. Algunos pasan más tiempo en la cantina de EMAYA que en su despacho, otros no saben ni encender un ordenador, y aun así siguen cobrando religiosamente. Estómagos agradecidos, sindicalistas afines a cualquier dirección, dispuestos a vender la dignidad del servicio público con tal de mantener privilegios personales y familiares.
Palma, suspendida en limpieza
No es una opinión aislada ni una percepción subjetiva. La OCU ha señalado a Palma como una de las ciudades peor valoradas en limpieza. Un dato objetivo que desmonta el triunfalismo del Ayuntamiento y deja en evidencia la brecha entre el discurso oficial y la realidad diaria de los vecinos.
Mientras el alcalde presume de la eliminación de 10.000 pintadas y de nuevos camiones y fregadoras, la ciudad sigue sucia, los barrios abandonados y el problema cronificado. Reconocer que “hay que seguir insistiendo” no es suficiente cuando falla la gestión, el control y la exigencia de responsabilidades.
Gobernar no es repartir culpas
Decir que “ni el Ayuntamiento ni EMAYA pueden hacerlo todo” es una coartada política para justificar la ineficacia. Gobernar no es repartir culpas, es asumir responsabilidades, depurar estructuras inútiles y poner al frente a personas competentes, no a cargos políticos ni a parásitos del sistema.
Palma no necesita más discursos, ni más llamamientos a la “civismo”. Necesita limpieza, gestión y dignidad institucional. Y, sobre todo, necesita que los responsables de este fracaso den explicaciones o se vayan. Porque una ciudad sucia es el reflejo de un gobierno incapaz.
FJCN









1 Comentarios
Alguien duda que Emaya necesita una renovacion completa en la cupula, prrsidente, gerente, sindicatos comprados y afines?
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