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Desde lejos: la mirada de una emigrada cubana sobre un país que se hunde



✍ Rita Toymil, Escritora/

Vivo lejos de Cuba desde hace años, pero la distancia no me ha convertido en extranjera. Cada noticia, cada imagen, cada mensaje que llega me recuerda que uno nunca deja de pertenecer a ese país que a veces nos abraza y otras veces nos expulsa. Hoy, desde esta orilla, veo a Cuba hundirse en una crisis que ya no es coyuntural ni pasajera. Y lo que más duele es la sensación de inevitabilidad, como si el país estuviera atrapado en un destino que nadie sabe o nadie puede corregir.

No sé si estamos viviendo la caída del socialismo cubano, pero sí sé que estamos viviendo algo que ya no se parece a lo que fue. Se percibe en los silencios de la gente, en los apagones, en la manera en que los jóvenes tienen la mirada en un país que está en otra parte. Se respira un desgaste que no se puede disimular con consignas. La isla revela un cansancio resignado que ya no es resistencia, sino agotamiento. En su gente se mezcla la desilusión y el desinterés. Y Cuba se vuelve indiferente. Cuba se apaga, literal y metafóricamente.

Es un derrumbe silencioso que habla de que lo que ha colapsado no es solo el modelo económico, es el contrato moral que sostenía a la sociedad. La evidencia más cruda de que algo se quiebra, mientras el Gobierno resiste y la gente sobrevive.

¿Qué futuro se ve desde la distancia?

Desde fuera, uno podría creer que la caída del sistema es inminente. Pero sabemos que no es así. El Gobierno mantiene el control. La maquinaria política sigue en pie. Y, aun así, es evidente que algo fundamental se está extinguiendo: la fe en el futuro. En Cuba hay una caída moral, económica y existencial. El país no ha cambiado de sistema, pero el sistema ha dejado de funcionar.

Los emigrados siempre miramos a Cuba con amor, pero también con miedo a las noticias. Y desde aquí, el futuro cercano de Cuba se ve oscuro, incierto, atrapado entre un Gobierno que no cede y un pueblo que no puede más.

Tres cosas parecen inevitables:
Más migración, porque la gente ya no sueña con cambiar el país, sino con dejarlo.
Más derrumbe económico, porque no existen motores internos para una recuperación real.
Más fractura social, entre los que se van, los que se quedan y los que simplemente esperan.

El cambio, si llega, será lento, desigual y probablemente forzado por la propia inviabilidad del sistema.

Lo digo con cautela: estamos entrando en una fase terminal, no necesariamente final. El sistema está debilitado, extenuado, sostenido más por inercia que por convicción. Pero su caída real, su derrumbe político, no está asegurado. El Estado todavía tiene herramientas para resistir, aunque cada vez menos legitimidad para justificarse.

Cuba no está al borde de un estallido, pero tampoco está en calma. Está en algo peor: un letargo profundo, una espera oscura.

Hay un murmullo que crece. No es un grito, no es un canto, no es siquiera una protesta, es una pregunta: “¿Hasta cuándo?”

Quizá la caída del sistema no ocurra mañana. Quizá ni siquiera este año. Pero da la impresión de que el final, sea cual sea, ha dejado de ser impensable.

Y en la distancia duele distinto

No importa cuántos años pasen ni cuántos kilómetros haya entre uno y la isla. Cada apagón, cada protesta, cada nueva ola migratoria, se siente como si te arrancaran una página de tu historia personal.

Uno se va de Cuba, sí.
Pero Cuba no se va nunca de uno.

Desde esta distancia contemplo a mi país como quien observa un barco que hace agua: con angustia, con impotencia y, aun así, con ese amor irracional que nos ata a la tierra donde aprendimos a resistir.

Cuba se hunde, pero nosotros los de dentro y los de fuera, aferrados a la esperanza de que llegue, por fin, el día en que vuelva a flotar.

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3 Comentarios

  1. Muy lindas palabras,la realidad de lo que sucede en nuestra bella Isla pero tenemos fé de que todo cambiará para nuestros hermanos cubanos y nuestras familias porque el horror que se está viviendo pronto terminará y será una nueva cuba libre de tanta dictadura..Patria y vida

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  2. Siempre hablando con el corazón, confiemos en Dios que suceda el cambio,🙏🙏

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  3. Muy bonito y cierto su escrito , lleno de emociones encontradas. Algún día veremos a nuestra Cuba resplandeciente otra vez.

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