La misión solidaria a Gaza naufraga entre averías, postureo y escalas turísticas
La flotilla solidaria capitaneada por Colau fracasa tras abandonar la mitad de sus barcos y derivar en un viaje de postureo con escalas turísticas.
Hoy se cumple un año, el 8 de agosto del 2025, desde que publicamos este artículo sobre la fallida flotilla a Gaza y el tiempo no ha hecho más que dejar al descubierto su selectiva escala de prioridades. Resulta indignante ver cómo se desplegaron recursos, cámaras y hasta la escolta de un buque español para apoyar una causa a miles de kilómetros con el objetivo de salir en la foto, mientras a las puertas de nuestra propia casa la realidad es demoledora.
Tanto en Gaza como en Ceuta nos encontramos ante graves crisis humanas que requieren empatía, dignidad y soluciones reales. La gran diferencia no radica en la tragedia de las personas, sino en la hipocresía de quienes la utilizan. Mientras en Gaza buscaron el foco mediático internacional, en Ceuta en territorio nacional, con una presión migratoria al límite y personas sufriendo a diario estas mismas figuras políticas no han movido un solo dedo ni han mostrado el más mínimo interés. Utilizar la solidaridad como un espectáculo para la galería mientras se ignora la emergencia en suelo propio demuestra una cosa de forma cristalina: muy poca vergüenza, por no decir ninguna.
(A continuación se reproduce el artículo publicado hace un año)
La llamada Global Sumud Flotilla, liderada por Ada Colau, Greta Thunberg, la concejala de Podemos en Palma Lucía Muñoz y otros activistas de la izquierda trasnochada, pretendía convertirse en un gesto histórico: llevar ayuda humanitaria a Gaza y romper el bloqueo israelí. Se presentaba como la mayor misión civil del siglo, con 30 barcos y participantes de más de 40 países.
Pero la realidad fue otra: averías, mareos, mal tiempo y una improvisación grotesca que obligaron a regresar varias veces al puerto de Barcelona. En cuestión de días, la mitad de los barcos habían abandonado la expedición. El supuesto “desafío histórico” acabó convertido en bochorno internacional.
La travesía, que debía ser un viaje épico de resistencia, terminó pareciéndose más a una ruta turística. La flotilla realizó una parada en Menorca para “comprobaciones técnicas” y “descanso de la tripulación”, aunque en redes circularon imágenes y comentarios que apuntaban a una auténtica fiesta en una cala menorquina, con selfies, música y buen ambiente.
Posteriormente, también hicieron escala en Mallorca, lo que aumentó las críticas: ¿se trataba de una misión humanitaria o de unas vacaciones en el mar? Usuarios de redes sociales ridiculizaron la expedición con frases como: “Iban a enfrentarse a Israel en Gaza y no pasaron de Menorca” o “Solidaridad con escala en calas paradisiacas”.
La opinión pública, incluso en medios afines, empezó a ver el viaje como un postureo humanitario. El editorial de ABC lo calificó de “folclore con chaleco salvavidas” más que de misión real. Columnistas de Okdiario hablaron de “storytelling activista”, donde cada mareo y cada ola eran convertidos en drama épico para las cámaras.
El ridículo aumentó cuando se supo que uno de los barcos, el “Alma Explorer Yacht”, había sido utilizado en el pasado para traficar con cocaína. ¿De verdad esta era la imagen de pureza y solidaridad que querían proyectar Colau y compañía?
Las críticas no se limitaron al terreno moral o simbólico. El PP y otros partidos exigieron aclarar si parte del financiamiento de la operación provenía de fondos públicos del Ayuntamiento de Barcelona, transformando el supuesto viaje humanitario en un nuevo ejemplo de clientelismo y derroche ideológico.
Mientras tanto, en redes sociales los memes arrasaban: comparaciones con “Hundir la flota”, chistes sobre “marearse antes de zarpar” y hasta parodias de la sintonía de “Vacaciones en el mar”. El contraste entre la épica soñada y la realidad patética era demasiado evidente.
La ironía final llegó con el anuncio de que Ada Colau será nueva tertuliana de TV3 nada más acabar la aventura. Una guinda perfecta: el viaje no habría sido más que la antesala promocional de su nuevo papel mediático.
De Lucía Muñoz, la concejala podemita de Palma, poco se sabe de su aportación: más presencia simbólica que otra cosa. Una participación que encaja a la perfección en este activismo de escaparate, donde lo importante no es el resultado sino salir en la foto.
La flotilla que debía romper el bloqueo de Gaza terminó rompiendo, más bien, la paciencia de quienes esperaban algo serio. En lugar de un gesto solidario, lo que quedó fue un viaje improvisado, lleno de escapadas turísticas, mareos retransmitidos en directo, barcos averiados, y una puesta en escena tan sobreactuada como inútil.
Lo que iba a ser la “hazaña del siglo” acabó como un ridículo internacional. Y mientras tanto, Gaza sigue esperando la ayuda que nunca llegó.





6 Comentarios
El ridículo es lo de menos. Los permisos de navegación, los seguros de RC, control de patronaje de altura, previsión y cobertura de incidentes, etc. ¿Los había o carecían de ellos?. SE MERECE UNA INVESTIGACION ¿o también eran pateras?
ResponderEliminarUnos terroristas llamados Hamás, tienen aterrorizados a su propio pueblo
ResponderEliminarEstos comunistas de fiesta y solo para la foto, asquito
ResponderEliminarLucia Muñoz la podemita de Palma solo está para las fotos para otras cosas es igual que su amigota Iréne Montero
ResponderEliminarEsta gentuza de la izquierda deberían acoger en sus casas a los terroristas de Hamás, a ver qué les pasaria
ResponderEliminarLa izquierda bolivariana española, que se vaya a Venezuela a luchar por Maduro y sus narcos
ResponderEliminarGracias por dejar su comentario en el Periódico de Baleares. No dude en dirigirse a nuestro equipo de redacción para cualquier sugerencia u observación. Comentarios ofensivos serán borrados y el usuario/a bloqueado. El Periódico de Baleares no se hace responsable de los comentarios publicados por los lectores.