La opositora de su propio gobierno
La política española ha superado cualquier límite de la sátira con el último y bochornoso espectáculo protagonizado por Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo. En un ejercicio supremo de incoherencia y desvergüenza política, la líder de Sumar ha conseguido protagonizar el ridículo más espantoso de la legislatura al pronunciar una frase que ya pasa a los anales de la absurdidad: "Si hay que movilizarse contra el Gobierno de España, movilicémonos".
La estupefacción es mayúscula cuando se recuerda el pequeño detalle que la ministra parece olvidar convenientemente: ella misma es el Gobierno de España. Ocupa uno de los sillones más privilegiados, cobra un sueldo público sufragado por todos los ciudadanos y participa activamente en el Consejo de Ministros que ahora finge combatir desde una cómoda y cínica posición de falsa rebeldía.
La patética farsa de la "vicepresidenta okupa"
Con este numerito, Díaz ha inaugurado una categoría inédita en la democracia mundial: la farsa de la opositora dentro del poder. ¿A quién pretende engañar? ¿Va a manifestarse contra Pedro Sánchez? ¿Contra sus propios ministros de aliade? ¿O va a liderar una marcha multitudinaria contra ella misma frente al espejo del ministerio?
El esperpento alcanza cotas insólitas. Gobierna, pero protesta. Decide, pero lloriquea. Se sienta en el Consejo de Ministros para repartir prebendas y, cuando vienen mal dadas o hay que asumir el desgaste de sus propias ruinosas políticas, corre a colocarse detrás de la pancarta como si pasara por allí por primera vez. Es la cuadratura del círculo del oportunismo político.
Un chiste de muy mal gusto para los españoles
Pretender tomar el pelo a los ciudadanos de esta manera insulta la inteligencia de cualquiera. No se puede estar rindiendo pleitesía al poder y disfrutando de sus privilegios por la mañana, y por la tarde hacerse la antisistema en la calle. La responsabilidad política no es un menú a la carta donde uno elige qué leyes aplaude y de cuáles se desmarca cuando huelen mal.
Al final, este patético sainete deja a Yolanda Díaz retratada en su propia trampa: si los manifestantes logran llegar a la puerta del Ejecutivo, se encontrarán con que la principal responsable política a la que van a abuchear es, precisamente, la misma caradura que los mandó salir a la calle. Un chiste malo, una tomadura de pelo monumental y la confirmación de que el ridículo político en España ya no tiene fondo.





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