-->
Sígueme en Facebook  Sígueme en Twitter Sígueme en YouTube Sígueme en Instagram Sígueme en Telegram Sígueme en TikTok

 


2025: Un año de reajustes, tensiones y aceleración global

 


Francisco José Castillo Navarro, Director General del Grupo Periódico de Baleares, Presidente Fundador de AMC/ 

El 2025 no fue un año de rupturas abruptas, pero sí uno de confirmaciones. Confirmó que el mundo atraviesa una etapa de transición profunda, que las certezas del pasado ya no alcanzan y que las decisiones pospuestas comienzan a pasar factura. Fue un año de ajustes, de tensiones contenidas y de una aceleración silenciosa en múltiples frentes.

Un escenario geopolítico cada vez más fragmentado

En el plano internacional, 2025 consolidó un orden global más fragmentado y multipolar. Las grandes potencias reforzaron sus intereses estratégicos, mientras los organismos multilaterales mostraron limitaciones para coordinar respuestas efectivas frente a conflictos regionales, crisis migratorias y disputas comerciales.

La política exterior de muchos países giró hacia la autonomía económica, la seguridad energética y la protección de cadenas de suministro, dando lugar a un mundo menos integrado, pero más consciente de su interdependencia real. Paralelamente, varias economías emergentes comenzaron a ocupar un rol más activo, buscando equilibrar crecimiento, estabilidad interna y peso internacional.

Economía global: prudencia, adaptación y desigualdad

Desde el punto de vista económico, 2025 estuvo marcado por un crecimiento moderado, lejos de los escenarios de crisis profunda, pero también de expansiones robustas. La inflación mostró señales de control en varias regiones, aunque los altos niveles de endeudamiento siguieron condicionando a gobiernos y empresas.

Los bancos centrales mantuvieron políticas monetarias cautelosas, mientras hogares y compañías se adaptaron a un entorno de costos elevados, consumo más selectivo y una creciente automatización. La desigualdad económica, especialmente en los centros urbanos, se consolidó como uno de los principales desafíos sociales y políticos del año.

La tecnología deja de ser promesa y se vuelve estructura

Uno de los rasgos más distintivos de 2025 fue la plena integración de la inteligencia artificial en la vida cotidiana. La IA dejó de ser un fenómeno experimental para convertirse en una infraestructura clave en sectores como la educación, la salud, la industria, las finanzas y la gestión pública.

Este avance acelerado impulsó debates urgentes sobre regulación, privacidad de datos, derechos laborales y ética tecnológica. La discusión ya no giró en torno a si la tecnología debía avanzar, sino a cómo gobernarla, cómo distribuir sus beneficios y cómo mitigar sus riesgos.

Sociedad y clima: una presión que no afloja

En el plano social, 2025 estuvo atravesado por una ciudadanía más exigente. El costo de vida, el acceso a la vivienda, la calidad del empleo y la sostenibilidad ambiental dominaron la agenda pública en numerosos países.

Los fenómenos climáticos extremos reforzaron la sensación de urgencia frente al cambio climático, empujando a gobiernos y empresas a ir más allá de los compromisos discursivos y avanzar hacia acciones concretas en materia de transición energética y resiliencia urbana.

2026: un año de definiciones inevitables

Si 2025 fue un año de confirmaciones, 2026 se perfila como un período de decisiones ineludibles. No necesariamente traerá estabilidad inmediata, pero sí obligará a definir rumbos.

Más polarización, pero también nuevos equilibrios

La polarización política probablemente continúe, especialmente en países que enfrentarán elecciones clave. Sin embargo, también podrían surgir nuevas alianzas estratégicas, impulsadas por intereses comunes en energía, tecnología y seguridad.

La economía digital se consolida

En 2026, la automatización y la inteligencia artificial tendrán un impacto aún más visible en el mercado laboral. La formación profesional, la educación continua y la adaptabilidad serán factores decisivos para evitar brechas sociales más profundas.

El clima como eje transversal

El cambio climático dejará de ser un tema sectorial para convertirse en un factor central de planificación económica y política pública. La presión social, financiera y ambiental hará que la sostenibilidad pase del discurso a la acción en muchas regiones.


El 2025 fue un año de tránsito y advertencias. El 2026 aparece como una oportunidad crítica para transformar la incertidumbre en dirección estratégica. El futuro no dependerá de un solo actor, sino de la capacidad colectiva para equilibrar innovación, estabilidad y justicia social en un mundo que ya no puede permitirse seguir postergando decisiones.

FJCN

Publicar un comentario

0 Comentarios