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Las plantas y yo

✍️ Francesc Jusep Bonnín: Agente de Prensa, cantautor, escritor, poeta, músico y pintor/

De pequeño, me gustaban mucho las plantas. En las macetas de casa de los abuelos, en las de mi casa, me gustaba ver cómo crecían.
De más mayor, cuando estudiaba el bachiller, ponía mucha atención en la clase de ciencias, sobre todo cuando tocaba botánica. Y llegado a ser un hombre, he seguido con mi afición a estudiar las diferentes plantas.
Y lo que son las cosas, tuve la suerte de ejercer como profesor de jardinería en las diversas materias que impartía en FP (Formación Profesional).

Pero no es de mi currículum de lo que quiero hablarles, sino de lo que aprendí de las plantas, simplemente mirándolas: unas creciendo en macetas más pequeñas, otras en distintos tamaños de macetas. Observé que ninguna se quejaba de su entorno, fuera grande o pequeño. Esto, trasladado a la vida real, cuando uno ya tiene la suficiente capacidad de entendimiento (aunque muchos no llegan a tenerlo), conlleva a pensar.

¿Y si fuéramos como las macetas?
Nos ocuparíamos de no querer más de lo que poseemos, de disfrutar del aire y del sol, de dar nuestras flores y regalarlas a los demás, de embellecer el mundo, como hacen ellas; de estar donde debemos estar, sin importarnos la nacionalidad, la etnia o el color de las personas; de ser amables, de sentirnos útiles, a la vista y a los demás.

Porque las plantas son útiles al hombre: nos aportan medicinas, alegría, color, y nos enseñan a crecer, como ellas hacen, verse crecer.

En nuestra vida hay multitud de plantas a las que cuidar: la familia, los hijos, los nietos, los amigos, que están siempre en el alféizar de la ventana de nuestra vida, alegrándonos con su existencia.

Como esa planta que nos alegra el pequeño balcón, la terraza o el jardín, y a la que a veces no dedicamos el tiempo necesario en conocerla mejor (como a nuestro entorno más cercano).

Las plantas, las simples macetas, nos dan una lección de convivencia, de colaboración en la simbiosis de más de una de ellas, de color a la vida, de sencillez y, por qué no, de paz.

Decía la gente, de un hombre que hablaba con las plantas, que les ponía música clásica, que estaba loco.

¡Qué locura más bella! La de entender que un ser vivo como las plantas pueda formar parte de nuestra vida, de nuestra familia, porque ellas también sienten y reaccionan a nuestro estado de ánimo.


👉 Si quieres leer más creaciones del autor, entra al siguiente enlace: Francesc Josep Bonnín

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