✍COINPE/ La Munich Security Conference, celebrada en la ciudad alemana de Múnich, cerro ayer sus puertas dejando tras de sí un clima de alarma geopolítica, discursos cargados de gravedad y una sensación compartida de que el mundo se adentra en una etapa aún más incierta.
Durante tres días, la Conferencia de Seguridad de Múnich se convirtió en el epicentro del debate global sobre el orden mundial, la cooperación transatlántica y, sobre todo, la devastadora guerra en Ucrania. Representantes de Estados Unidos, Alemania y de toda Unión Europea coincidieron en un diagnóstico inquietante: el sistema internacional atraviesa una fase de tensión estructural, marcada por la confrontación entre bloques y la carrera por el rearme.
Las palabras más duras llegaron desde Kiev. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, advirtió que no puede haber paz real mientras Rusia mantenga su ofensiva, y exigió garantías de seguridad firmes antes de cualquier negociación. Su mensaje resonó con fuerza en una sala consciente de que el conflicto amenaza con redefinir el equilibrio de poder en Europa durante décadas.
Al mismo tiempo, los líderes occidentales insistieron en la urgencia de reforzar la cooperación dentro de la OTAN, al tiempo que crece el debate sobre una autonomía estratégica europea capaz de reducir la dependencia militar de Washington. La defensa del continente, la disuasión nuclear y el aumento del gasto militar dominaron conversaciones privadas y discursos públicos, dibujando un escenario donde la diplomacia camina cada vez más cerca del abismo.
Pero más allá de los grandes mensajes, la conferencia también dejó una fractura política significativa para España.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no fue invitado a una reunión previa informal de líderes europeos clave, celebrada antes del inicio oficial del foro, un encuentro reservado a un grupo reducido de países influyentes. Aunque Sánchez sí participó en la conferencia principal, esta exclusión de las conversaciones preparatorias ha sido interpretada por diversos analistas como una señal del peso limitado de España en los círculos más cerrados de toma de decisiones estratégicas.
Durante su intervención pública, Sánchez rechazó el rearme nuclear, al que calificó como un error histórico, y defendió una Europa más fuerte en defensa, pero también más comprometida con el multilateralismo y la diplomacia. Sin embargo, el episodio de la no invitación ha añadido una nota amarga a su presencia en Múnich, evidenciando las jerarquías que siguen marcando la política continental.
La Conferencia de Seguridad de Múnich se despide así con conclusiones tan claras como inquietantes: el mundo avanza hacia un periodo de mayor confrontación, Europa busca desesperadamente su lugar entre las superpotencias, y la guerra en Ucrania continúa siendo la herida abierta que condiciona cada decisión.
Un cierre cargado de dramatismo que deja una pregunta flotando en el aire bávaro: ¿estamos ante el preludio de un nuevo orden internacional… o ante el inicio de una era de inestabilidad prolongada?









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