✅ El ocaso de Xisca Lascolas: Llucmajor dice «basta» tras una legislatura negra

Xisca Lascolas culmina una legislatura marcada por la polémica y el descontento vecinal

La salida de Xisca Lascolas reabre el debate sobre una legislatura marcada por la polémica, mientras crece la presión política sobre Palma y Cort.

Suciedad y residuos en las vías públicas evidencian problemas persistentes de limpieza y gestión municipal
Calles en deterioro: la acumulación de basura refleja el abandono del espacio urbano en el centro de la ciudad


Por: El Ciudadano Habla • Fuentes oficiales: Ajuntament de Llucmajor | Govern de les Illes Balears | Parlament de les Illes Balears | Tribunal Superior de Justícia de les Illes Balears (TSJIB) | Butlletí Oficial de les Illes Balears (BOIB).

La noticia del relevo en la alcaldía de Llucmajor para 2027 ha caído como un secreto a voces finalmente confirmado. Xisca Lascolas (PP) no optará a la reelección tras calificar su propio mandato de «difícil y complejo». Sin embargo, entre los pasillos del Consolat de Mar circula una versión mucho menos idílica: fuentes solventes apuntan a que ha sido la propia presidenta del Govern, Marga Prohens, quien ha movido los hilos para forzar su salida.

Desde Palma no podían permitirse el lastre de un municipio clave asfixiado por los escándalos. El veredicto de la calle es unánime: no ha sido una legislatura difícil por azar, sino por una gestión insostenible marcada por la investigación judicial de las obras de Son Fosquet, la cronificación de la crisis de las basuras y la incendiaria polémica de la macrogranja avícola.

La voz del pueblo: Seis ciudadanos rompen el silencio

La renuncia de Lascolas no limpia el panorama. Seis vecinos de distintos puntos del municipio exponen la realidad de un día a día insoportable.

1. Joan Pere (62 años, vecino de Son Fosquet) — El urbanismo bajo sospecha

«Que ahora se vaya como si nada fuera con ella es indignante. En Son Fosquet nos hemos despertado meses enteros con el ruido y la sombra de unas obras bajo investigación judicial. Ha habido una falta total de transparencia. Nos han dejado un barrio patas arriba y una sombra de sospecha de la que tardaremos años en limpiarnos. Lascolas huye antes de que salte el escándalo final».

2. Maria Antònia (45 años, residente de S'Arenal de Llucmajor) — Asfixiados por la suciedad

«Llucmajor da asco, así de claro. La crisis de las basuras no ha sido un bache temporal, ha sido el estado permanente de nuestras calles durante todo su mandato. Contenedores desbordados, ratas, malos olores en pleno verano... Hemos pagado nuestros impuestos religiosos para vivir en un vertedero. Que Prohens la haya echado es lo único sensato que ha hecho el PP por nosotros».

3. Carlos (38 años, activista local y vecino del pueblo) — La traición de la macrogranja

«Lo de la granja avícola fue la gota que colmó el vaso de la paciencia vecinal. Una alcaldesa debe proteger su tierra y a su gente, no alinearse con macroproyectos destructivos que amenazan nuestro entorno y la calidad del aire. Su gestión ha sido una alfombra roja para los intereses de unos pocos a costa del bienestar de todo un pueblo».

4. Margalida (51 años, comerciante del centro) — El abandono del comercio local

«En dieciséis años en la política municipal, Lascolas no ha aprendido a escuchar. El centro histórico está muerto, sin plazas de aparcamiento, sin incentivos para el comercio local y con una burocracia que te asfixia. Decir que ha sido una legislatura difícil es una falta de respeto; difícil ha sido levantar la persiana cada mañana sin ningún apoyo del Ayuntamiento».

5. Toni (29 años, joven de las urbanizaciones) — Ciudadanos de segunda

«Los que vivimos en las urbanizaciones solo existimos para pagar el IBI. No hay frecuencias dignas de autobús, las aceras están destrozadas y la inseguridad ha ido a más. Lascolas se va tras dieciséis años viviendo de la política y dejando un municipio fracturado y abandonado a su suerte».

6. Catalina (73 años, pensionista) — La decadencia de los servicios sociales

«Para los mayores de Llucmajor no se ha hecho nada útil. Las citas en el ayuntamiento son una odisea, las instalaciones municipales están anticuadas y no hay espacios sociosanitarios adecuados para una población que envejece. Se va porque sabe que las calles ya no la soportan».

La onda expansiva de un castigo ejemplar: ¿Quién es el siguiente?

La caída en gracia de Xisca Lascolas no es un hecho aislado, sino el primer síntoma de un cambio de época que ya no tolera la incompetencia vestida de victimismo. La purga ejecutada desde los despachos más altos del Govern balear demuestra que el crédito político se ha agotado para aquellos que confunden el servicio público con un escudo de impunidad. Llucmajor ha dicho «basta», marcando un precedente histórico que resuena con la fuerza de un trueno en toda Mallorca, derribando los muros de la autocomplacencia y enviando un mensaje nítido y demoledor a los despachos del poder: el tiempo de la gestión negligente ha terminado.

Y es que las miradas de los ciudadanos, cansados de promesas vacías y realidades grises, ya no se detienen en las fronteras de Llucmajor. La onda expansiva de este terremoto político cruza las carreteras y se dirige de forma inevitable hacia la capital. Es imposible no mirar a Palma y sentir un escalofrío de indignación idéntico. En Cort, el actual alcalde de Palma contempla las barbas de su vecina cortar mientras las suyas arden en el fuego de una ciudad sumida en el caos, el colapso y la decadencia.

Si Lascolas ha sido empujada al abismo por el peso de sus propios errores, el regidor capitalino debería, por pura decencia democrática y dignidad política, seguir sus mismos pasos y firmar hoy mismo su propia renuncia. Palma no merece menos. El balance de la capital es un calco amplificado de la miseria de Llucmajor: una ciudad sucia, colapsada por el tráfico, asfixiada por la inseguridad en sus barrios, con un urbanismo a la carta que ignora las necesidades de sus habitantes y una gestión de los servicios públicos que roza el abandono absoluto. Lo que en Llucmajor ha sido una «legislatura difícil», en Palma es una traición sistemática a los ciudadanos que esperaban un cambio real y solo han recibido parálisis, soberbia y propaganda.

El espejo en el que hoy se mira Lascolas es el mismo que le espera al alcalde de Palma. La historia no perdona a quienes se esconden tras las siglas de un partido para hundir las instituciones en el descrédito. El relevo en Llucmajor no debe ser el final de una crisis, sino el principio de una limpieza generalizada. Aquellos alcaldes que han convertido sus mandatos en un monumento a la ineficacia, la opacidad y el desprecio al ciudadano deben dar un paso al lado antes de que sea el propio pueblo, con la fuerza imparable de los votos y la dignidad recuperada, quien los expulse para siempre de la memoria de nuestras islas. La cuenta atrás para Cort ha comenzado.


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