El gobierno de Llucmajor esconde 16 millones y deja las calles sepultadas en basura
La alcaldesa Lascolas retiene 16 millones indebidos de la tasa de residuos mientras la insalubridad asfixia Llucmajor sin que el gobierno declare la emergencia.
La paciencia tiene un límite y en Llucmajor ha saltado por los aires frente a un desgobierno municipal intolerable. Lo que padece esta localidad ya no es simple ineficacia administrativa, es un atentado directo contra la salud pública y el bolsillo de los ciudadanos. El actual equipo de gobierno, liderado por la alcaldesa Francisca (Xisca) Lascolas (PP) en cómplice coalición con Vox y ASI (Asociación Social Independiente), ha demostrado ser un auténtico desastre de incompetencia que está degradando el municipio a marchas forzadas. Si a estos dirigentes les quedara una sola gota de dignidad, decencia o vergüenza política, hoy mismo entregarían las llaves del Ayuntamiento y dimitirían en bloque.
16 millones "secuestrados": La gran estafa ciudadana de la tasa de basuras
El castigo fiscal al que están sometiendo a las familias clama al cielo. El consistorio ha sido acusado de no devolver 16 millones de euros cobrados de más a los vecinos mediante una tasa de basuras absolutamente desproporcionada.
Exigir impuestos asfixiantes por un servicio inoperante ya es una burla, pero retener 16 millones de euros recaudados indebidamente es, a ojos de los vecinos, un saqueo institucional imperdonable. Mientras las familias hacen malabares para cuadrar sus cuentas, Lascolas y sus socios bloquean un dinero que pertenece legítimamente a la ciudadanía. Esta gestión económica nefasta y cruel demuestra que el Ayuntamiento prefiere hacer caja a costa de asfixiar económicamente a las mismas personas a las que debería proteger.
Un vertedero al aire libre: La negligencia de esconder la emergencia sanitaria
La retención de esos millones resulta todavía más insultante cuando se observa la pudrición que inunda las calles. Las continuas denuncias vecinales lo resumen con crudeza: “El municipio está lleno de basura”. Montones de desperdicios desbordando aceras, olores pestilentes y una suciedad alarmante que invita a la proliferación de plagas son el paisaje diario al que este gobierno inútil condena a sus residentes.
Y ante esta crisis de insalubridad evidente, el equipo de gobierno sigue sin declarar la emergencia sanitaria. Esto no es falta de previsión, es de una cobardía política repulsiva. Negarse a activar los protocolos de urgencia para no admitir públicamente su absoluto fracaso directivo es jugar frívolamente con el bienestar del pueblo. Prefieren ver Llucmajor convertido en un estercolero antes que asumir que la recogida de residuos les viene inmensamente grande.
Un gobierno inservible: La única salida es el cese
Un ejecutivo municipal que cobra millones de más a su pueblo sin devolverlos y que permite que las calles se pudran bajo toneladas de residuos es un gobierno deslegitimado y nocivo.
El pacto entre PP, Vox y ASI ha demostrado ser una losa letal para la calidad de vida en Llucmajor. La ineptitud de la alcaldesa y sus concejales ha cruzado todas las líneas rojas del servicio público. El municipio no puede seguir siendo rehén de su desvergüenza y parálisis. No caben más excusas ni prórrogas: por pura dignidad institucional y respeto a un pueblo exhausto, la dimisión inmediata es la única salida aceptable.





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