EE. UU. pierde la batalla del mercado tras el veto de los inversores a su deuda
Sin un ejército ni un cuartel general, el mercado de bonos castiga la indisciplina fiscal de EE. UU. y amenaza con encarecer el crédito mundial.
Estados Unidos libra una batalla silenciosa en un frente sin cámaras ni banderas: la pantalla del ordenador. Al otro lado de la mesa no hay un ejército enemigo, sino gestores de fondos que han llegado, de forma independiente, a la misma conclusión: la deuda pública estadounidense ya no vale lo que cuesta. Cuando el Secretario del Tesoro, Scott Bessent (un exgestor de fondos de cobertura), intentó frenar el ataque con sus mejores herramientas financieras, el mercado simplemente no reaccionó.
El fenómeno no es nuevo, pero el contexto actual le otorga un tinte histórico. Se trata del regreso de los llamados Bond Vigilantes (los vigilantes del mercado de bonos), un término acuñado en la década de 1980 para describir la reacción disciplinaria de los acreedores cuando un gobierno gasta por encima de lo que el mercado tolera.
La exprimera ministra británica Liz Truss ya experimentó su poder en 2022, cuando un plan presupuestario descalibrado provocó el colapso de la deuda británica y aceleró su salida de Downing Street tras solo 44 días.
La presión sobre el bono estadounidense a 30 años tiene un impacto directo en la economía global, al actuar como el precio de referencia del dinero. Su encarecimiento eleva el coste de las hipotecas, los créditos corporativos y la financiación internacional.
Factores clave de la ofensiva financiera:
Frente a la volatilidad, la estrategia del Tesoro de duplicar las recompras de bonos a largo plazo mediante la emisión de deuda a corto plazo ofrece un alivio temporal, pero desplaza el riesgo hacia el futuro. La resolución de este conflicto no depende de intervenciones puntuales en los mercados, sino de las decisiones de fondo que se adopten en el Congreso para reestructurar la disciplina fiscal del país.





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