En el Antiguo Egipto, el uso del maquillaje iba mucho más allá de la estética. Tanto hombres como mujeres se delineaban los ojos y aplicaban pigmentos en la piel no solo por razones culturales o religiosas, sino también por motivos médicos y de protección.
Uno de los cosméticos más comunes era el kohl, un polvo oscuro elaborado con minerales como la galena. Este producto ayudaba a reducir infecciones oculares, proteger los ojos del intenso sol del desierto y repeler insectos, que podían transmitir enfermedades. Estudios modernos han demostrado que algunos de sus componentes estimulaban defensas naturales del organismo.
El maquillaje también cumplía una función ritual y simbólica. Los egipcios creían que delinear los ojos ofrecía protección frente al mal de ojo y conectaba a la persona con las divinidades. Por ello, su uso estaba presente en la vida diaria y también en los rituales funerarios.
Además, la higiene personal era considerada una parte esencial de la salud. Aceites, ungüentos y pigmentos ayudaban a cuidar la piel, prevenir infecciones y aliviar los efectos del clima extremo. El maquillaje, lejos de ser superficial, formaba parte de un conocimiento avanzado sobre el cuerpo y su cuidado.
Este hábito demuestra que el Antiguo Egipto fue una civilización pionera en comprender la relación entre salud, higiene y bienestar, integrando prácticas médicas en gestos cotidianos que hoy asociamos únicamente con la belleza.
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