✍Francisco José Castillo Navarro, Director General del Grupo Periódico de Baleares, Presidente Fundador de AMC/
Lo ocurrido en Palma ya no puede maquillarse con comunicados oficiales ni esconderse tras excusas administrativas. La Demanda de 14 funcionarios contra la regidora de Palma Mercedes Celeste por vulneración de derechos es la evidencia más clara del colapso institucional que vive el Ayuntamiento. No es un incidente puntual. Es el resultado directo de una forma de gobernar basada en la improvisación, el abandono de responsabilidades y una alarmante falta de capacidad.
Catorce empleados públicos la mayoría agentes de la Policía Local han tenido que recurrir a la Justicia porque su propio Consistorio les ha dado la espalda. Han sido ignorados, silenciados y tratados como un problema incómodo en lugar de como trabajadores que merecen respeto y reparación tras años de sufrimiento derivados del caso Cursach.
Promesas aprobadas en pleno municipal que nunca se cumplieron. Un acto de desagravio anunciado a bombo y platillo y después enterrado en un cajón. Meses de silencio administrativo. Y una negativa incomprensible del Ayuntamiento a personarse como acusación particular para defender a quienes fueron injustamente señalados.
Todo ello bajo la responsabilidad directa de Mercedes Celeste, regidora de Hacienda y Función Pública, que ha demostrado ser incapaz de gestionar un conflicto humano, jurídico y político de esta magnitud.
Una incompetencia que no es nueva
Lo más preocupante es que este desastre no llega por sorpresa.
Cuando Mercedes Celeste fue consejera de Emaya, ya dejó un legado de desorden, falta de criterio y decisiones erráticas. Entonces el PP estaba en la oposición y ya era evidente su incompetencia manifiesta. Hoy, con poder real en el Ayuntamiento, esa misma forma de actuar se ha trasladado al corazón de la administración municipal.
El resultado está a la vista: funcionarios desesperados, servicios públicos deteriorados y una ciudad que avanza sin rumbo.
Emaya es el ejemplo perfecto del fracaso del actual gobierno municipal. Una empresa pública convertida en foco permanente de conflictos laborales, denuncias internas, gestión opaca y resultados visibles desastrosos: Palma más sucia, peor mantenida y con trabajadores que denuncian represalias y vulneración de derechos.
Nada funciona como debería. Nadie parece asumir responsabilidades.
El PP de Palma: un gobierno sin dirección
Pero el problema ya no es solo Mercedes Celeste. El problema es el conjunto del equipo de gobierno.
El PP de Palma parece una formación completamente desorientada, donde cada área va por libre, donde no existe una estrategia clara y donde da la sensación de que nadie sabe realmente qué tiene que hacer. No hay liderazgo. No hay proyecto de ciudad. No hay coordinación.
Solo parches.
Cada crisis se tapa como se puede. Cada conflicto se retrasa esperando que se enfríe. Cada promesa se diluye con el tiempo.
Eso sí, para una cosa sí muestran una disciplina ejemplar: aferrarse a sus sillones y asegurar sus buenos sueldos.
Mientras los funcionarios demandan a su propia regidora.
Mientras Emaya se hunde.
Mientras los barrios acumulan basura y abandono.
Mientras los derechos laborales se pisotean.
El gobierno municipal sigue instalado en una burbuja, más preocupado por sobrevivir políticamente que por gobernar.
Funcionarios utilizados y abandonados
Los propios demandantes lo han explicado con claridad: fueron usados durante la campaña electoral y después olvidados. Sirvieron como argumento político y, una vez logrado el poder, quedaron relegados al silencio.
Esto no es solo mala gestión. Es una grave falta de ética institucional.
Un Ayuntamiento que obliga a sus empleados a acudir a los tribunales para exigir lo que ya estaba comprometido ha perdido cualquier autoridad moral. Revela una administración fría, distante y desconectada de la realidad humana que hay detrás de cada expediente.
Palma paga el precio
La consecuencia de todo esto es una ciudad cansada.
Cansada de promesas vacías.
Cansada de dirigentes incapaces.
Cansada de ver cómo los problemas se enquistan mientras los responsables miran hacia otro lado.
La demanda contra Mercedes Celeste no es un hecho aislado. Es el síntoma de un modelo de gobierno agotado, sin rumbo y sin sensibilidad social.
La dimisión ya no es una opción, es una obligación
Cuando funcionarios demandan al Ayuntamiento.
Cuando Emaya es incapaz de cumplir su función básica.
Cuando se vulneran derechos laborales.
Cuando reina el desorden administrativo.
No estamos ante errores puntuales.
Estamos ante incompetencia manifiesta.
Desde Periódico de Baleares lo decimos sin ambigüedades: Palma está gobernada por un Consistorio que ha demostrado no estar preparado para dirigir una ciudad compleja y exigente.
La Demanda de 14 funcionarios contra la regidora de Palma Mercedes Celeste por vulneración de derechos debería marcar un antes y un después.
Por dignidad política, por responsabilidad institucional y por respeto a los ciudadanos, buena parte del actual Ayuntamiento debería dimitir, empezando por quienes han llevado a Palma a esta situación de parálisis y descrédito.
Palma no necesita resistencia en los despachos.
Necesita gestión.
Necesita liderazgo.
Y necesita, con urgencia, un gobierno que esté a la altura.
👉 Si quieres leer más artículos del autor, enlace: Francisco José Castillo Navarro
FJCN









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