Una reflexión sobre el hartazgo ciudadano ante la corrupción y la urgente necesidad de recuperar la ética en la política
El hartazgo de un ciudadano de a pie frente a la corrupción política y el urgente deseo de recuperar la decencia.
| Francesc Jusep Bonnin posando frente a la histórica embarcación Rafael Verdera |
Cada día, cuando, en cenando coincido con el informativo de las nueve de Antena 3, se me atraganta la cena y se cabrea mi otro yo.
Ese personaje que no admite chanchullos, ni mordidas, ni regalos a cambio de…
Ese otro yo que se indigna ante tanta corrupción, aunque sea supuestamente.
El nivel de movidas es tal, que ya no cabe esperar más, o sí.
Por aquello de que “nunca se sabe”.
La verdad es que piensa ese otro yo, que está viviendo en un país de vergüenza, de chorizos con mayúsculas, de expertos en disfraces, de verdaderos maestros del chanchullo y de eruditos, evidentemente falsos, de lo que es la moral.
Este personaje presidente del gobierno actual, es un maestro también del escapismo, y el expresidente antaño director de nuestro país un verdadero artista de la mentira.
Dios los cría y ellos se juntan en un río tan revuelto que no existe ganancia de pescadores, cambiando un poco el refranero español.
Sino ganancia de los más sinvergüenzas, sicarios de la pasta o el oro, el petróleo o las joyas.
Se impone una gran limpieza general, ante tanta basura política y devolver la tocada confianza al ciudadano de a pie, ese ciudadano acribillado a impuestos, mientras otros engordan sus cuentas corrientes en paraísos fiscales o vaya usted a saber dónde.
Confiemos en la justicia libre, y que esta justicia nos devuelva al menos la sensación de haber recuperado la decencia.




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