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Investigadores de la Universidad Northwestern demuestran que la estructura de una nanovacuna puede potenciar hasta ocho veces la respuesta inmunitaria
El hallazgo abre la puerta a nuevas vacunas terapéuticas contra tumores inducidos por el virus del papiloma humanoUn equipo científico de la Universidad Northwestern (Estados Unidos) ha comprobado que un cambio mínimo en la estructura de una vacuna terapéutica puede multiplicar su eficacia frente al cáncer inducido por el VPH. El estudio, publicado en la revista Science Advances, demuestra que no solo importan los componentes de una vacuna, sino también su organización a nanoescala.
Los investigadores diseñaron distintas versiones de una vacuna basada en ácidos nucleicos esféricos (SNA), una tecnología pionera en el campo de la nanomedicina estructural, y modificaron únicamente la orientación de un pequeño fragmento proteico del virus del papiloma humano presente en las células tumorales. Aunque todas las formulaciones contenían los mismos ingredientes, su disposición espacial marcó una diferencia decisiva en la respuesta del sistema inmunitario.
En modelos animales humanizados de cáncer VPH positivo y en muestras tumorales de pacientes con cáncer de cabeza y cuello, una de las configuraciones destacó claramente. La versión que mostraba el antígeno en la superficie de la nanopartícula, fijado por un extremo concreto, logró activar de forma mucho más potente los linfocitos T citotóxicos CD8, responsables de destruir las células cancerosas.
Los resultados fueron significativos: los linfocitos T produjeron hasta ocho veces más interferón gamma, una señal clave en la respuesta antitumoral. En los modelos experimentales, el crecimiento del tumor se ralentizó de forma notable y, en muestras humanas, se eliminaron entre dos y tres veces más células cancerosas que con otras versiones de la vacuna.
Este avance resulta especialmente relevante porque las vacunas actuales frente al VPH previenen la infección, pero no tratan los tumores cuando el cáncer ya se ha desarrollado. La nueva estrategia se centra en entrenar al sistema inmunitario para reconocer y atacar las células tumorales que ya contienen proteínas virales.
El trabajo refuerza el concepto de que la arquitectura molecular puede ser tan determinante como los propios componentes biológicos. Los investigadores consideran que este enfoque podría aplicarse a otros tipos de cáncer, optimizando vacunas terapéuticas ya existentes y reduciendo costes de desarrollo. Además, apuntan que la inteligencia artificial podría acelerar la identificación de las configuraciones más eficaces entre miles de posibles combinaciones estructurales.









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